lunes, 9 de noviembre de 2015

Imitando a mamá

Había llegado la hora de subir.
La pequeña niña se tambaleaba mientras ascendía por los escalones. Un crujido, silencio, otro crujido, silencio...
Su padre trabajaba, aunque llegaría temprano. Su mamá había salido a hacer las compras.
Le gustaba jugar a ser mamá. Llegada la hora de subir, solo debía poner cuidado en no caerse, y luego, en no dejar rastro de sus juegos.
Subía al cuarto de los invitados, aquel en el que había un gigantesco espejo colgando de la pared, y se disfrazaba de su madre.
Se miró en el espejo, satisfecha. Una blusa blanca, joyas plateadas, pantalones de tela negros y zapatos de taco bajo. Un lindo peinado. Una mirada en paz.
La niña casi no hacía nada. Solo subía.

Aquella noche, después de que su padre había llegado, escuchó gritos. Lo que empezó como una pelea, se convirtió luego en un monólogo masculino. Y luego, sobrevino el silencio.

Frente al espejo, ya no lucía tan bien como ayer.
No estaba peinada y se le había fugado la paz de su mirada. Pero seguía entera frente al espejo.
Se sacó el disfraz, inquieta.

Al tercer día ya no usaba joyas, ni tacones, ni una blusa blanca. Una blusa blanca dejaba entrever demasiado.

El cuarto día tuvo miedo de subir.

Al quinto día, se aplicó polvo violáceo en las mejillas, simulando moretones, y bajo los párpados, simulando profundas ojeras.

Al sexto día, con lápiz labial rojo, simuló sangre saliendo de su nariz.
Ya no le gustaba jugar.

El último día de la semana, ya no tuvo fuerzas para subir.

viernes, 23 de octubre de 2015

Cap. 3: La primera despedida

Venus...
- Lindo nombre... peculiar... galáctico...
- No hace falta que digas nada.

Bajé la mirada. ¿Por qué estaba yo allí? ¿Por qué no resistí mis impulsos?

- Y... ¿Qué haces aquí en el parque?- Simplemente, no podía contenerme.

Ella, Venus, no quiso responderme. Se pasó una mano por el pelo y luego se la llevó al cuello. Estuvo unos segundos manoseando una piedrecilla grisácea que pendía de una cadena plateada.
De pronto, levantó sus ojos y me escrutó.

- Diego, ¿qué haces tú aquí?

Me tomó por sorpresa la agresividad de su voz al preguntar, la intensidad de su mirada y el ligero temblor de sus labios.

- ¿Por... por qué la pregunta?

No supo responder. Calló por unos segundos y luego meneó la cabeza, negando.

- Tú igual me lo has preguntado.
- No tenía nada que hacer... quise salir.
- A tomar aire, ¿no?
- A leer.

Se soltó el collar y puso las manos sobre sus piernas, moviendo ligeramente los dedos, como acariciando sus rodillas.

- Yo me sentía asfixiada. Quise escapar.
- ¿Escapar de qué?- solté.
- De todo. De todos.

Tardé un minuto en reaccionar.

- He hecho mal en hablarte... ¿es así?

Pero ella no respondió mi pregunta, sino que me hizo otra. Me recordaba un poco al Principito.

- ¿Por qué te acercaste?

Cuando la miré, creí percibir algo extraño en su mirada. Algo que no supe distinguir en el momento.

- Venus, yo... no sé. Solo quise...
- Está bien...

Se levantó.

- Debo irme, Diego.

Se dio media vuelta para marcharse. Pero no podía dejarla ir así. La tomé del brazo y la obligué a que volviera a mirarme.

- Venus, ¿nos volveremos a ver?

Ella presionó los labios.

- ¿Nos volveremos  ver? No podemos dejar esto...
- ¿Esto? ¿Qué es esto?-espetó.

Me encogí de hombros, exasperado.

-Qué se yo...

Sonrió.

- Hasta... algún día.

Y se marchó.

La vi alejarse, y decidí volver a mi casa porque ya no tenía sentido permanecer allí. Tomé mis cosas, y de camino, analizando la situación, pensé en el destello de los ojos de Venus. Y ahora, que no estaba en medio de una situación azarosa, creí distinguir su significado.

Esperanza. 

lunes, 7 de septiembre de 2015

Sobre odio y defectos

Hace poco leí en la novela Demian de Hesse, que todo lo que odiamos de una persona es precisamente lo que odiamos de nosotros mismos. Esta aseveración me llegó profundamente, y dio que pensar.
Amparada en mi anonimato, pensé que era hora de hacer una autoevaluación de mi persona, pero tras pensarlo un poco, decidí no despellejarme viva. Por lo que solo haré un reflexión del tema.

No creo que eso sea cien por ciento real, aunque sí opino que tiene una gran parte de verdad. Pero, si odiamos ciertas características de otra persona, ¿es porque odiamos el hecho de que nosotros también la tenemos? ¿O es que simplemente nos odiamos a nosotros mismos?  ¿O es que acaso no nos damos cuenta de nuestros defectos, y nuestra parte inconsciente nos manda una especia de "aviso"?

Como soy una divagadora profesional, empecé a llevar este tema a muchos otros temas. Y recordé la reconocida frase que dice que "los opuestos se atraen". Dejando de lado la magnética y los imanes con sus polos opuestos, pensé que esta frase se refería precisamente a esto. Te atrae más lo opuesto porque no tiene aquellas características que te desagradan de ti mismo.
Cuando dos personas "iguales" están juntas suelen haber muchos problemas, sus personalidades chocan constantemente y no hay día en que no haya alguna discusión o pelea.

Siempre pensé que debería ser al revés: que dos personas "iguales" se llevarían mejor, que al tener mismos gustos y personalidades sabrían actuar acordes ante cada situación.
Pero pensándolo bien... el odio y desprecio de las personas es tan grande hacía sí mismos, que no pueden soportar a una persona que les recuerde constantemente sus defectos.

Tampoco es como que, si odias a Hitler por asesino, es porque tienes instintos asesinos. Es algo un poco más abstracto.

Por eso aconsejaría (aunque no segura del todo), que cada vez que sientas odio o malestar por alguien, te pongas a pensar en la razón de dicha molestia y te hagas una autoevaluación.


sábado, 8 de agosto de 2015

La muerte

No sabes lo que hay más allá, te aterra lo desconocido y por eso te aferras a la Tierra, a lo que ya sabes y conoces.
Hay personas que creen que morir es un sueño eterno, simplemente dejar de existir, que tu cuerpo se convierta en polvo y tu alma se desintegre y ya está: que te coman los gusanos y que la gente te llore en el cementerio.
Otros, como yo, creemos en la existencia de la vida después de la muerte, del Cielo y del infierno.
Tu cuerpo vuelve al polvo del que surgió, pero ciertamente tu espíritu no puede desaparecer como nada, como si fuera una columna de humo saliendo de la chimenea.
Sea cual fuese tu postura, ¿por qué le temes a la muerte?
Si ves a la muerte como un sueño, entonces no pasa nada, no es algo místico o aterrador como para que le temas.
Y si crees en el Cielo y en el infierno, entonces eres consecuente ¿no?, actúas en tu vida para lograr llegar al Cielo, porque sino... ¿crees en el infierno pero te da lo mismo?
Como sea, no deberíamos temerle a la muerte.
Estamos tan afanados en nuestras cosas, tan metidos en lo que hicimos, hacemos y vamos a hacer, que olvidamos vivir. Pensando que vives te estás muriendo, y es al borde de la muerte cuando te das cuenta de que no viviste como debería ser.
¿Por qué le tememos a la muerte? Porque primero, quieres tener hijos, verlos crecer, conocer a tus nietos... quieres viajar por el mundo entero, plantar un árbol, escribir una novela.

La muerte puede llegar en cualquier momento, así que sí, puedes actuar a consecuencia, pero sin miedo.
Tenerle miedo a la muerte es sinónimo de afán, y el afán nunca es bueno, te aleja de lo verdaderamente importante y te hace apegarte a cosas que de nada te servirán cuando llegue la muerte a la que tanto temes.

jueves, 9 de julio de 2015

Consejo: Confianza ciega

Uno de los errores más grandes que puedes cometer es confiar ciegamente en una persona. Yo hube de aprenderlo a la mala, de la manera más fea posible.
De alguna manera siempre lo supe, mientras más quieres a alguien mayor será la caída de la decepción.
Y aunque lo sepas y te sientas preparado, cuando la deslealtad ocurre, el dolor no deja de ser enorme.
Así que, esta pequeñísima entrada la escribo con el único de fin de darte un consejo (no para desahogarme): NUNCA confíes ciegamente en nadie. Las personas más cercanas son a veces las peores. Así que no seas ciega o ciego, porque serás tú la ovejita trasquilada. Y eso es todo lo que tengo que decir al respecto.


viernes, 12 de junio de 2015

Cap. 2: El primer diálogo

Me di vuelta una vez más, con los ojos bien abiertos. Y apareció. Vi su pelo largo, y su ropa casual y gris, y supe en ese instante que iría a hablarle. No era amor a primera vista ni nada por el estilo. Fue la certeza de haber encontrado a alguien que ya había estado buscando.
Cuando se sentó en el banco y hundió su rostro, el escozor se extendió por todo mi cuerpo en una milésima de segundo. Y tan rápido como creció, desapareció.
Me dirigí a mi banco. Dejé la bolsa del supermercado a un lado y abrí el libro por la primera página. Pero luego de haber leído la primera oración, no pude concentrarme más. Mis ojos se desviaban hacia la muchacha del banco contiguo.
Y entonces ocurrió lo que esperaba: el estímulo.., el indicio de la futura conexión.
Levanté por enésima vez mis ojos hacia ella, y ella por su parte hizo lo mismo. Cuando me miró sentí que se me paralizaban los músculos. Vi el cosmos, las galaxias y las estrellas. Escuché a Chopin tocar el piano, la risa de Mozart y los gritos de Beethoven. Sentí que era ingrávido, y a la vez, que todo el peso del universo se posaba en mis hombros.
Todo eso sentí, y todo, en un segundo.
Pero ella no sintió lo mismo. Apenas su mirada chocó con la mía volvió a bajar su rostro.
Yo me demoré un tanto en volver a la vida.
La miré de nuevo y no resistí. Me paré, tomé mis cosas y caminé hacia ella.
Ella me sintió venir, pero no se movió. Su mirada seguía fija en el suelo adoquinado, y el pelo caía por los lados, casi tocando el piso.
Antes de hablarle definitivamente, la observé.
Flaca, muy flaca.
Pelo largo.
Polera gris, demasiado holgada.
Pantalones negros, ajustados.
Zapatillas negras, gastadas.
Tenía estilo, pero también parecía que no le importaba la moda. Su polera se parecía a mi pijama.

- Hola.

Sonó como un susurro desesperado. El viento se encargó de depositar mis palabras en sus oídos, y en tanto que ella reaccionaba, me senté a su lado.
1, 2, 3, 4...
Conté hasta 11 segundos, y recién ella alzó su rostro.
Tenía los labios muy secos, casi daban ganas de mojarlos por mí mismo.
Y ahí fue cuando me prendí de su mirada. Su mirada incompleta.

- ¿Me hablas a mí?

Una voz dulce, que me transportó al invierno, a las lluvias.... al otoño.

- Sí.
Parpadeó lentamente.
- Hola.

Volvió a bajar su rostro, pero ahora que la había visto bien y había establecido contacto, no dejaría que se escapara.

- Me llamo Diego.

Volvió a mirarme, y juraría haber visto un esbozo de sonrisa.

- Lindo nombre, no muy especial, y bastante común, pero lindo nombre a fin de cuentas. Viene del griego y significa "que es muy instruido". Y supongo que viene al cuento, porque veo que estás leyendo La granja de los animales. Y pocos leen eso por placer, así que debes ser lector por cuenta propia. Es un buen libro.

Comprendí que era una chica muy especial, y no pude evitar preguntarle:

- ¿Has visto The Bing Bang Theory?

Rió, y me pareció que casi nunca reía. Por poco podía ver polvo saliendo de sus labios.

- No eres el primero que me relaciona con Sheldon Cooper. Y lo siento, no puedo evitarlo.
- No lo sientas. Eres tú. Y me gustan las personalidades diferentes. Y además tu eres más linda.
- No digas estupideces.

En ese momento me di cuenta de dos cosas muy importantes:

1) Me sentía inusualmente valiente.
2) A juzgar por su actitud, no le gustaban los cumplidos.

- Y bien, no me has dicho tu nombre.

Se quedó en silencio, y para mi asombro, se pasó lentamente la lengua por los labios.

- Mírame. Tú sabes cómo me llamo. Está escrito en mí.

Le obedecí y la examiné. Ella bajaba la mirada, sin esfuerzo de sostenerla en mí. Se notaba a leguas que no le gustaba que la miraran.

- ¿Por eso te dejas caer el pelo sobre el rostro?
Le pregunté despistado. Suelo confundir los pensamientos con las palabras, y a veces cometo el error de pensar que la gente sigue el curso de mi mente.
Apenas formulé la pregunta me sentí un idiota. Pero para mi asombro (esta chica es una caja de sorpresas) ella me había entendido perfectamente.

- Sí, algo así... ¿Y bien?

La volví a mirar. Me detuve en cada lunar, en cada cabello, en cada grieta de sus labios.
Y de pronto lo supe.

- Tu nombre es Venus.

Y lo era.


domingo, 31 de mayo de 2015

Cap. 1: El primer escozor.

(Advertencia: esto no es una historia de amor)


Su pelo, largo y castaño, huele a manzanilla. Sus ojos tienen algo extraño, como si le faltara algo... pero ese algo es compensado por la sinceridad e intensidad de su mirada.
Sus labios siempre están resecos, y cuando los abre, salen de entre ellos unas palabras dulces y a la vez mordaces, un aliento fresco con olor a otoño y a lluvias.
Es delgada, demasiado delgada, e inspira compasión y lástima la primera vez que la ves. Pero cuando la conoces, descubres a una muchachilla fuerte que ha tenido que soportar más cosas de lo soportable a su edad. Pero ella no se lamenta. Me confesó que lo hacía hace tiempo, que lloraba por cada cosa y se lamentaba con quien se le cruzara. Pero dejó de hacerlo.
Es una persona muy cerrada, a nadie le cuenta absolutamente nada. Yo creí que no me tenía confianza, pero pronto me dí cuenta de que no era eso. Ella omite las palabras porque si habla se le escapan las emociones por la boca y por lo ojos, y se siente vulnerable.
Por eso prefiere escribir, sin la amenaza del llanto o la ira o la risa o los nervios frente a otra persona. Porque cuando escribe, llora y ríe y se enoja y se pone nerviosa, pero solo ella lo ve.

Hace unos días decidió romper ese mutismo entregándome un paquete. Sonrió levemente cuando me lo pasó. Noté que sus labios estaban trémulos, así que no la obligué a decir nada. Solo recibí el paquete y por alguna razón decidí no abrirlo frente a ella. Una buena decisión.

La conocí hace aproximadamente un año, en el parque. Era día sábado, no tenía nada que hacer, y no quería quedarme en la casa, solo y aburrido. Ahora pienso que fue por cosas del destino, algo providencial. Salí en la hora, minuto y segundo exactos, porque ella pasó en el momento preciso en que me di la vuelta.
Nada es casualidad en esta vida.
Salí silbando y con las manos en los bolsillos. Mi idea era pasar a la biblioteca, luego pasar por algo para comer, y finalmente sentarme a leer en el banco más tranquilo del parque. Pensaba ser un día tranquilo, pero no resultó ser como esperaba. Y mejor así.
En la biblioteca, recorrí con mis dedos los lomos de una hilera de novelas de ficción, pero no me llamaban la atención. De un momento al otro, sentí que la literatura contemporánea era basura, palabras vanas que cuentas historias vanas. Decidí cambiar (por primea vez en la vida) de sección de la biblioteca.
Ahora creo que ese fue un día de profundos cambios en mi mente y en mi vida en general. Y aunque realmente, sigo leyendo novelas actuales, algo dentro de mí busca el significado, la base moral, las lecciones de vida o por lo menos la frase poética que me deje pensando.
Me llevé La granja de los animales, de George Orwell. Quería leer algo con sustento, algo que pudiera masticar y devorar, algo con un trasfondo. Y qué mejor que un libro cuya piedra angular es un hecho histórico.

Pasé luego a un supermercado y compré unos paquetes de galletas y una caja de jugo de damasco. 

Camino al parque comencé a sentirlo. Esa quemazón en la espalda. 

"Alguien me está mirando" pensé. Y me di vuelta lo más rápido que pude.
Pero estaba solo. Ni siquiera había perros. Nada. Solo yo y un gorrión en el pasto.

Desde ese día me sigue ocurriendo. Siento ese escozor en la espalda y sé que ella se acerca. Y no es que ella tenga una mirada de fuego, precisamente. Sí es intensa, pero no de fuego.

Y las primeras veces se me hacía tan extraño, que llegué a preguntarme si aquella muchacha de pelo largo era una bruja. Luego mis ideas mutaron para situarla en el lugar de un ángel. Ahora sin embargo, sé muy bien que no es ni demonio ni ángel. 
Y tampoco es una chica cualquiera.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Silencio

Silencio. Solo silencio y el ruido delicioso de las agujas del reloj moviéndose. Afuera el viento susurra los secretos que empuja por el mundo, que restriega por los árboles y las paredes y que deposita al pie de las montañas. Ya ni siquiera los perros aúllan. Solo silencio, reloj y viento. Y el crepitar del fuego en la estufa despintada.
Sin embargo, no hay nada más ruidoso que el silencio mismo.
Estoy sentada. Sentada e inmóvil sobra un sofá mullido de color marrón. Y el silencio se comporta como las olas del mar, va y viene, va y viene... me envuelve para alejarse repentinamente.
El silencio me abruma
El silencio no existe. Puedo oír los latidos de mi corazón y escuchar inconfundibles mis pensamientos. Los pensamientos que precisamente evado, el silencio me los restriega en los oídos igual que el viento con los secretos mundiales que ofrenda a las rocas.
Y el terror comienza cuando el reloj se detiene, el fuego se apaga y el viento se desvanece en las montañas. Porque el silencio se vuelve silencio con mayúsculas, SILENCIO, y siento que mis pensamientos puede oírlos todo el mundo, y mi corazón suena como una bomba a punto de estallar.
Pero solo soy yo.
O eso pensaba, hasta que un murmullo tenue se estrella en mis oídos.
El silencio es ensordecedor. Puedo escuchar los pensamientos ajenos.
El silencio ha dejado de serlo para convertirse en un ruido (no tan molesto), en un atropello.
Quizá por esto la gente moderna prefiere tener la tele encendida, salir todo el día, atascarse en el tráfico y conversar a cada momento. Intentan escapar del silencio definitivo.
Y sí, el silencio puede ser desesperante, pero a veces necesitamos recordar nuestros propios pensamientos, que el animador del show con su voz estentórea, no nos deja oír.

jueves, 21 de mayo de 2015

Hoppipolla

Es 21 de mayo, por ende, es feriado. Y yo tengo tiempo libre para escribir, aunque no sé qué escribir. Siento que no tengo nada que expresar, aunque es falso, pues todos tenemos algo que decir siempre.
Si tuviera más seguidores, pediría que dejaran sugerencias de temas en los comentarios, pero realmente, es ridículo pedirlo, pues mi blog es bastante desconocido.
Así que, solo por mi corta ausencia, no escribiré algo yo, sino que compartiré una canción que me pone extremadamente melancólica, y cuya base instrumental me gusta demasiado.
Se trata de Hoppipolla, de Sigur Ros, una banda islandesa de post-rock.
Así que, si quieres oírla, simplemente haz click.



Solo instrumental de la canción:





Ahora bien, de entender la letra, no lo harás, a menos que sepas islandés. Por lo cual, te dejaré la letra original y la traducida al español. Espero que te guste ☺

Hoppipolla 


Brosandi
Hendumst í hringi
Höldumst í hendur
Allur heimurinn óskýr
Nema þú stendur

Rennblautur
Allur rennvotur
Engin gúmmístígvél
Hlaupandi inn í okkur
Vill springa út úr skel

Vindurinn
Og útilykt af hárinu þínu
Eg lamdi eins fast og ég get
Með nefinu mínu

Hoppípolla
I engum stígvélum
Allur rennvotur (rennblautur)
I engum stígvélum

Og ég fæ blóðnasir
En ég stend alltaf upp
(Hopelandic)

Og ég fæ blóðnasir
Og ég stend alltaf upp
(Hopelandic)


Saltando posas


Sonriendo
Dando vueltas en círculos
tomados de las manos
el mundo entero se ve borroso
pero tú sigues de pie.

Empapado
completamente mojado
sin botas de hule
corriendo
quiero salir del cascarón.

El viento sopla
y al aire libre, el olor de tu cabello
lo atrapo tan rápido como puedo
con mi nariz.

Saltando en los charcos
completamente empapado
mojados
Sin las botas puestas.

Y me sangra la nariz
pero siempre me levanto
(hopelandic)

Y me sangra la nariz
pero siempre me levanto de nuevo!
(hopelandic)*

*lenguaje de sílabas
sin sentido literal que suena fonéticamente
como el idioma islandés

Por último, quiero que escuchen un "cover" clásico del instrumental de la canción.



No sé si soy yo la sentimental, espero que no sea la única a la que esta canción pone melancólica.

sábado, 9 de mayo de 2015

Palabras

Las palabras no pueden cambiar el mundo a menos que estén grabadas con fuego y sangre. Una palabra no es poderosa por sí sola, sino que se vuelve poderosa al estar acompañada de más palabras y darse significado entre ellas.
Sin embargo, hay palabras que concentran todo el poder sobre sí mismos. Palabras que al ser acompañadas se vuelven destructivas, y que al estar solas permanecen impasibles y poderosas.

Muchos tienen la capacidad de trazar palabras, de escribir lo que se les dicta. Otros, los menos, podemos inventar algo. El poder no está en la palabra, sino en el orden, la forma, la metáfora.
El talento no está en inventar historias, sino en saber ordenar las palabras.
Las palabras son nuestras herramientas y nuestro material.
Dale diez tablas, veinte clavos y un martillo a un carpintero, y diez tablas, veinte clavos y un martillo a una persona con nula capacidad constructora, y los resultados serán extremadamente opuestos, a pesar de que les diste a ambos sujetos las mismas cosas.

Todos disponemos de miles y miles de palabras. Sin embargo, no todos saben usarlas.
Eso intento decir, que todos tenemos las palabras ahí, frente a nosotros, pero insisto en que la gracia no está en inventar una buena historia (aunque ayuda bastante), sino en saber ordenar y usar las palabras.
No es lo mismo decir que una voz es suave, a que una voz es meliflua.
Las palabras son de conocimiento general. Sin palabras no hay comunicación ni ciencia. La palabra es la herramienta para crear, y el material para ser usado.
Los escritores somos carpinteros, solo que en vez de usar madera, usamos algo más abstracto y menos tangible.

Las palabras pueden cambiar el mundo, solo si están grabadas a fuego y sangre... y si están bien ordenadas.

viernes, 8 de mayo de 2015

¿Desear morir?

Los días oscuros terminan para darle lugar a la luz.
Las cosas malas se concentran en el fondo del vaso, y todo lo bueno se dispersa en el resto del espacio.
Lo triste es como el petróleo, porque una sola gota puede contaminar litros y litros de felicidad.
La felicidad es un estado, no un momento de alegría. Por eso digo que soy feliz hundida en el lodo, sonrío a pesar de las lágrimas que me mojan las mejillas, río cuando estoy a punto de desmoronarme.

Hace mucho tiempo, una amiga me confesó sus deseos de morir. Si por suicidio o intervención divina, no lo sé, solo sé que quería dejar este mundo.
Suena derrotista, y sobre todo, débil. Pero no la culpo, porque siendo sinceros yo igual he deseado morir. Un millar de veces. No me siento capaz para seguir viviendo y soportar las injusticias, penas y amarguras de la vida, y entonces pienso, ¿cómo sería si me muriera? O más drástico, ¿si jamás hubiera existido? Intento asimilar la idea, incorporarla a un concepto menos abstracto, pero es imposible.
Quizás no sufriría más. No, no quizás. No sufriría más, y punto. Pero, ¿vale la pena derrotarse y
echarse a llorar al suelo? Claro que no. Por muy desdichada o desdichado que te sientas, las cosas no pueden amargarte de tal forma que pierdas la batalla contra la vida.
Uno es el peor enemigo de sí mismo, uno decide con qué enfoque mirar las cosas y cómo enfrentar la soledad involuntaria.

No hay blanco sin negro, porque si no existiera el negro, no sabríamos apreciar la pureza del blanco.

¿Qué sería de nuestras vidas si todo fuera color de rosa? ¿Si todo nos lo sirvieran en bandeja de plata?
Es un círculo vicioso. Porque estaríamos tan acostumbrados al bienestar, que no sabríamos apreciar dicho estado de bienestar, y nos sentiríamos desdichados porque este bienestar se convierte en un tedio, y el tedio en infelicidad. Odio intentar explicar estas paradojas, pero es más simple de lo que se ve al leer esto. Como no conocemos la tristeza, no apreciamos la felicidad, y es así como, por esas vueltas de la vida, la felicidad se transforma en infelicidad.

Por eso es mejor pasar por las pruebas, y no evadirlas o intentar evadirlas deseando la muerte. Porque mientras más tristezas hayamos superado, con mayor fuerza viviremos los momentos de dicha y gozo.

martes, 5 de mayo de 2015

Sombra

Ella no era materia, sino sombra. 

Le gustaba vivir del aire y del agua, respirar del rocío matutino y oír el tronar de las almas en la madrugada. Caminaba por senderos de tierra, porque sus pies de atmósfera se congelaban al tocar el pavimento. Jamás abrió la boca si no era para sonreír. A veces levantaba la vista y observaba la luna, y parecía que su alma se le quería escapar hacia el plateado del cosmos... pero ella no tenía alma, ella era alma, y ese era el problema.

Un día me la topé al volver de la oficina. Había oído de ella. Murmuraban, con reverencia, que quien se encontrara con la sombra tenía dos opciones. O moría, o era esclavizado por ella.
Yo no le temía a los demonios, ni a los monstruos, ¿por qué temerle a una sombra?

-Ella no es una sombra cualquiera, ella se adapta al observador. Ella es una sombra, puede escabullirse... ella adopta la forma de tus propios miedos.

Pero yo no le tenía miedo a nada, entonces, ¿era posible ver a la sombra en su estado puro?

Pero ese día, me encontré a la sombra. Y yo no sabía que lo era.

Caminaba tranquilamente, cuando oigo un lamento. Un lamento delicioso, que se me antojó como de
sirena. Volteo mi rostro y veo a una mujer acurrucada en el callejón. Lloraba, al parecer, porque se agitaba y ocultaba su rostro.

Entonces me acerco, con el fin de prestarle ayuda. Soy mujer, sé que mi presencia no la asustará.
Pero mientras me acerco, observo sus pies desnudos. Todo el lugar es de cemento, pero bajo ella hay tierra. Tierra reciente, tierra recién formada.

Es ella.

Ya es muy tarde para echarme a correr, temo que si me doy la vuelta todo sea peor. Así que me detengo, pero no me muevo.
Entonces ella levanta su rostro.
Esperaba algo angelical, algo místico o de fantasía. Una cara hermosa, un rostro radiante. O en el peor de los casos, un monstruo horripilante.

- ... Ella adopta la forma de tus propios miedos.

Y entonces levanta su rostro, me veo a mí misma, y me desintegro.

Divagación

Siempre pensé que los lunares se llamaban así porque son como cráteres en la piel humana. Quizás, quién sabe.
Digo esto para dar a entender que soy una persona que divaga demasiado; de aquellas mujeres que en vez de mirarse al espejo, prefieren quedarse sentadas pensando.
Gracias a esto he podido formar mi propia opinión sobre muchas cosas, y eso es genial ya que me
formo a mí misma, soy un alguien auténtico aunque no necesariamente original.
Tengo mi propia opinión sobre quién salió primero (el huevo o la gallina) o sobre si el vaso está medio lleno o medio vacío, aunque quizás no logre entender la relatividad del tiempo o las fórmulas de 3er grado.
Intento descifrar el porqué del significado de las palabras por mera especulación lingüística, sin conocer sus etimologías. Siempre lo hice, por lo cual en Enseñanza Básica, cuando recién pasábamos las palabras compuestas, yo ya había jugueteado con paraguas y portafolios.
Cuando una palabra me gusta, suelo repetirla infinidad de veces, y me gusta usarla en mis escritos, aunque mi vocabulario sea bastante común (una vez dije que estaba demacrada, y nadie me entendió).
A veces digo inocuo cuando intento decir inicuo, o viceversa.
Prefiero escribir "entre otros" que "etcétera", porque me da nervios ver la t y la c juntas en una palabra que, además, lleva tilde.
Odio cuando le dicen acento a la tilde, por cierto.
No sé qué estoy escribiendo, quizás estoy demasiado necesitada de expresar algo sin saber qué; quizás estoy recurriendo al sucio truco de la procrastinación. Quizás intento liberarme de algo.

domingo, 3 de mayo de 2015

Tiza

En mi casa, antiguamente había un largo portón de tablas que separaba el jardín del patio. Pero lo sacaron hace ya mucho tiempo, y de este portón solo quedó un pequeño muro, vestigio de su antiguo esplendor.
Está medio oculto por los árboles y las matas.

Por otra parte, el techo de hojalata negra de mi casa baja hasta el pasto en la parte trasera.

-o-

Cuando era chica, me regalaron dos cajitas de tiza de colores. No quería usarlas por miedo a que se gastasen, o que me dé alergia,  y lo único que hacía era abrirlas y contemplar los hermosos cilindros.
Pero, obviamente, no me aguanté.
Comencé a dibujar en la extensión trasera del techo de hojalata. Soles, paisajes, mi nombre, letras, números, personas, frutas y qué sé yo.
Luego seguí con el vestigio del portón de tablas de madera.
Eran dibujos infantiles, no muy artísticos, pero que encerraban los significados que yo le daba a las cosas de la vida a esa corta edad.

Las tizas se gastaron, pero allí quedaron los dibujos... por un tiempo.

La época de lluvias destruyó mi arte surrealista involuntario. Ni techos ni árboles lo protegieron.
Aún recuerdo el momento en que, cuando por fin salió el sol, salí a ver mis dibujos... y no estaban. Solo quedaban, en la hojalata, raspaduras que de seguro no le gustarían a mi papá.
Ya no tenía tizas, ni dibujos. Solo feas raspaduras sin sentido.
Ahora, muchos años después, aquellas grietas se han llenado de musgo.
Esto me hace reflexionar que la vida es un simple trazo de tiza en una pared expuesta a la lluvia.

Amor real

Aunque hablase todas las lenguas, sean humanas o angelicales, pero no tengo amor, me convierto en un metal que solo resuena.
Si fuera profeta, y pudiera comprender todos los misterios y todas las ciencias; si tuviese una fe tan grande que pudiese trasladar montañas, y no tengo amor, no soy nada.
Si repartiera mis bienes para darle de comer a los pobres, y diera mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es sufrido, es benigno; no tiene envidia, no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se alegra de las injusticias, pero sí de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta.
Las profecías y las ciencias se acabarán y cesarán las lenguas, pero el amor nunca dejará de ser.
Porque conocemos (en parte) y profetizamos (en parte), pero cuando venga lo perfecto, todo lo que hacemos "en parte" se acabará.
Cuando eres niño hablas, piensas y juzgas como un niño. Pero cuando eres hombre, dejas lo que es de niños.
Ahora vemos por espejo: solo un reflejo y oscuramente. Mas entonces (cuando venga lo perfecto) veremos cara a cara.
Ahora conocemos en parte, pero entonces conoceré como yo fui conocido.
Por ahora, permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el más grande de ellos es el amor.

sábado, 2 de mayo de 2015

Estereotipos

Sí, el estereotipo de un mexicano.
¿Ves a un chico que viste de negro? Metalero o satánico.
¿Ves una mujer de pelo largo que usa falda? Una evangélica.
¿Qué como hablan los del sur de Chile? Pueh así po oiga, cantadito iñore.
Que las mujeres cocinamos, nos gusta el rosado y conducimos mal.
Que los hombres son cochinos, solo piensan en mujeres y arreglan todo pero mal.
Que todos los profes chilenos son comunistas.
Etcétera.

Odio los estereotipos. Te hace tener prejuicios sobre personas que ni conoces, solo porque entran en el saco de todo lo demás.
Yo, por ejemplo, soy escritora.O aspirante a escritora, como gustes. Ser escritora me hace una artista.
Pero ser una artista no me hace una bohemia, una liberal, una volada drogadicta.

Yo dejé de hacerle caso a los estereotipos cuando en un programa absurdo de televisión comenzaron a reírse del estereotipo de mí religión. Oh, que cosa más detestable, se me eriza la piel al recordarlo.
Pero ya pasó. Eso solo demuestra la ignorancia de la gente ☺

Te aconsejo que abandones tus prejuicios sobre toda nacionalidad, religión, lugar donde se vive, género u ocupación. Porque son algo odioso, lepra de la sociedad, ignorancia y falta de cultura. Así, tal cual.

La parte fea del amor

Me encantaría saber qué es enamorarse. Porque yo nunca lo he hecho.
Una vez me gustó un chico. Fue algo largo, pero no era mutuo. Así que se podría decir que sufrí, y me costó todo un año olvidar aquello.
Luego pasaron años de libertad. No me gustaba nadie, era libre y mi corazón se conservaba entero.
De repente, un chico se enamoró de mí... un chico que precisamente había comenzado a atraerme. Era lindísimo conmigo, pero lo rechacé, y de una manera bastante fea por cierto. No creo en el karma...
Luego, otro. No soy una belleza, ni siquiera linda, pero les gustaba.
Y a este otro lo comencé a ignorar.
Ha pasado tiempo... y ahora he comenzado a sentirme confundida respecto a un muchacho. Y me da miedo pasar por lo que yo le hice pasar a esos otros dos muchachos. De hecho, ya está pasando. Y yo me pregunto, ¿cómo es posible que haya gente que se enamore tan rápido? ¿Que consigan pololo tan fácilmente? ¿Que no les cueste admitir que sienten algo por alguien?
Porque yo, desde aquella vez hace siete años, he reprimido cualquier sentimiento amoroso, por miedo a volver a "sufrir".
Y ahora, que estoy casi segura de que alguien me gusta, lo sigo negando.
Por eso necesito saber qué se siente que te guste alguien, o en su defecto, estar enamorado. Porque si no puedo reconocer los síntomas, me daré cuenta cuando ya esté hundida en el barro tierno del amor.
Cualquiera me diría: "Si estás escribiendo un post sobre él, es porque sí, te gusta". Pero yo no lo veo así.
¿Por qué el amor es tan avasallador?
Todos hablan del amor; todas las fotos, frases, comerciales de televisión, libros, todo... habla sobre el amor. Lo cual me fastidia y me hace pensar que la gente ve a un soltero como a un infeliz.
¿Por qué se asocia la felicidad con el amor de pareja? Se puede ser feliz sin pololo.
A veces, me amarga ver a una pareja feliz caminando de la mano por la plaza. Recuerdo instantáneamente a cierto youtuber chileno que inventó un aparato para golpearlos. Pero no llego a eso.
Ahora digo que el amor me fastidia, porque aunque quisiera sentirlo, no lo he vivido.
Algún día, lejano o no, me enamoraré, pololearé, y quizás diga que el amor es lo más bello del mundo.

Collige, Virgo, Rosas.

Siento que con las pocas entradas que llevo he sido terriblemente depresiva. Y esto puede ahuyentar a los posibles futuros lectores. Pero no se me ocurre de qué hablar, porque no sé cocinar ni de outfits ni de DIY, y además, odio esos estereotipos.
Así que explicaré el nombre del blog.

Collige, Virgo, Rosas, es un tópico literario que se traduce como:
"Coge doncella las rosas"
Así es, como el enlace del blog.
Su significado es parecido al del Carpe Diem. Pero apunta más a las mujeres. Algo así como que la juventud y la belleza son pasajeras y por lo tanto hay que disfrutarlas antes de que el tiempo se la robe.
Y ahora viene mi explicación.
Yo soy opositora del libertinaje. La belleza es algo muy subjetivo. Entonces, ¿por qué le he puesto este nombre al blog? Porque le he dado mi propio significado. No veo a las rosas como símbolo de belleza y juventud, sino como símbolo de oportunidades. Buenas oportunidades.
Y me digo a mí misma:
"Mí misma, no dejes pasar tus oportunidades".
Y decidí ejercitar mi escritura en un blog anónimo.

Esperanza

¿Les ha pasado que un día despiertan con la sensación de que algo va a pasar?
A mí, a menudo. Es como una perturbación en el cosmos. Es medio desesperante pero agradable. Porque jamás sabes si eso que pasará será bueno o malo, y te pasas todo el día con la sensación, hasta que te acuestas en tu cama y dices: bah, no pasó nada. O, por el contrario, pasa algo, y dices: Oh, soy bruja. Pero es agradable, porque te mantiene en espera.

Esperar es bueno, incluso para los impacientes. Porque esperar conlleva esperanza. Más bien, esperar es esperanza.
Por eso me preocupo. Porque, últimamente, no estoy esperando nada. Y el no esperar nada hace que tu vida se convierta en un vacío. El no esperar nada de nada ni de nadie, significa que no tengo esperanza.
Sé que hay un Dios. Creo en Él, y le amo. Pero todos pasamos por momentos de desesperanza. Como yo, últimamente.

Ahora bien. ¿Esperanza en qué? ¿Qué es esperanza? Se define como la confianza de lograr una cosa o de que se realice algo que se desea.
Yo tengo la esperanza de que un día, todo el sufrimiento acabará. Tengo esperanza, fe y certeza de que así será. Pero, ¿cómo sobrevivir por mientras?
La esperanza nutre. Sin esperanza, sin creencia, no puedes ser feliz. Hay una palabra hermosísima llamada paz que engloba muchas cosas. Creyendo tienes paz. Paz y esperanza.
Estoy mezclando muchos conceptos e ideas, pero mejor así, porque es lo que se me viene frenéticamente a la mente, y así podrás entender cómo funciona mi atormentada mente.

Daré un ejemplo.
Cuando eres pequeño y tienes un problema, esperas con confianza en que tu mamá lo resolverá. ¿No? Descansas en ella.
Algo así me pasa con Dios. Cuando oro, sé que me está oyendo y confío en Él. Paz, confianza, esperanza.
El problema comienza cuando te tornas impaciente y no sabes esperar, y piensas que Él no te oye, no te toma en cuenta, no te ama y por tanto para ti, ya no existe. Yo no he pasado por etapas tan drásticas. Sí siento el silencio de Dios, pero sigo creyendo en Él y trato de aferrarme a su amor.

Últimamente, no estoy esperando nada... pero todavía en mi corazón y en mi mente están los rastros de esa esperanza que ni las olas más grandes podrán borrar. Y por eso sé que cuando lloro, no solo estoy mojando mi rostro, sino que alguien arriba, está esperando para actuar... o ya está actuando. Este mundo es pasajero, y por ende, sus sufrimientos. Pero tengo la esperanza de retornar a ese hogar que aún no he conocido.
Sí, es confuso (y bello) añorar algo que no conoces. Pero es tan cierto como que el cielo es azul.
Siento que no he expresado nada, y a la vez, lo he expresado todo.
Solo algo diré: lo último que debería perderse es la esperanza. Aunque a veces la queremos reprimir, porque no queremos que nazca, pues con ella nace la ilusión, y por ende, la sombra amenazante de la desilusión. Pero es mejor estar desilusionado que no tener ilusión, así como mejor es estar herido por amor, que jamás haberse enamorado.

Inmarcesible

Segura estoy de que pocas personas conocen el significado de la palabra Inmarcesible. Significa "que no se puede marchitar".
Yo NO soy inmarcesible. Paso por etapas de soledad y sequía profundas. Cual flor en invierno, mi corazón se marchita y yo cargo con el peso de mi alma agotada.
Al igual que en la entrada de ayer, escribo en un estado de pena. Pero es menor, pues los sentimientos se disipan con el tiempo (o se agrandan, pero este no es el caso).
Mi corazón está marchito. Pero yo quiero apuntar a algo.
Cuando una flor se marchita, es como una reacción química permanente: no vuelve a su estado inicial. Por mucha agua que le des, por muchos cuidados que le prodigues, si ya está marchita, no
renacerá.
Pero con mi corazón... tú corazón, pasa algo distinto. Puede estar al borde del agotamiento, la depresión y el desasosiego. Pero si quieres que renazca, basta con que le des unas cuantas gotas de agua, de bálsamo reparador. Nunca pienses que ya no hay vuelta atrás, o que siempre permanecerás en la desilusión y la soledad. Siempre hay una salida, una luz al final del túnel. Es difícil salir de ella, pero es también cosa de voluntad.

Llora, bota todas tus lágrimas. Porque las lágrimas ocupan espacio, un espacio vital. Y si lloras, desocupas ese amargo espacio para darle lugar a las sonrisas y las carcajadas. No te aguantes. No eres inmarcesible, pero tampoco eres un saco de angustias.

viernes, 1 de mayo de 2015

Desahogo

No sé cómo espero tener seguidores, si nadie me conoce ni tampoco quiero promocionar el blog. Pero da exactamente lo mismo.
Escribo esta entrada en un estado de depresión relativo. Es como una tristeza que te llega hasta los huesos y causa dolor físico. Suena cliché, pero tengo el corazón roto. No por amor. Todo lo relacionan con amor en estos tiempos, y eso fastidia. O por lo menos a mí me fastidia, particularmente.
Me preguntan si tengo sueño por las bolsas debajo de mis ojos, pero no. Tengo los ojos inflamados de tanto llorar. Pero respondo que sí, que tengo sueño, que estoy que me caigo dormida sobre el piso. Cuando uno está triste, tiende a mentir. Mentir está mal, soy muy consciente de eso, pero es típico y todos lo hacemos.

- ¿Qué te pasa?
- Nada

Pero sí. Nos pasa algo. Nos pasa todo.

- ¿Cómo estás?
- Bien.

Pero no. No lo estamos. Nunca lo estamos.

Y yo sé que muchas personas (en especial mujeres) se sentirían identificadas con esto.

Uno se refugia en lo que puede para espantar la pena. Yo en la música, la literatura, Dios, la familia. Otros en el alcohol, las drogas, las fiestas. Es claro, no todos toman las mejores decisiones.

Ahora bien. Las causas de mi pena son difusas y se hunden en la niebla. Nadie sabe lo que me pasa, porque yo decidí ocultarlo para siempre... el tiempo es relativo, un para siempre puede significar solo una etapa.

¿Qué hacer cuando estás triste? Porque yo, en vez de alejarme, me hundo más en la pena. Me encierro en mi habitación, me hundo en ensimismamiento, escucho música depresiva y pienso.
Pensar es lo peor.

No sé cómo acabar esta entrada. Lo ideal sería con un consejo, una moraleja o una frase poética.
Pero no se me ocurre nada, porque también la pena nubla la mente.

Bienvenidos

Quiero mantener mi anonimato, porque en este blog seré tan sincera que me daría miedo que sepan quién soy.
Soy mujer, eso sí, y soy chilena.
¿De qué hablaré? De lo que se me ocurra.
Espero que se queden aquí, porque si no se quedan, me pondré muy triste.

Nos leemos.