sábado, 2 de mayo de 2015

Esperanza

¿Les ha pasado que un día despiertan con la sensación de que algo va a pasar?
A mí, a menudo. Es como una perturbación en el cosmos. Es medio desesperante pero agradable. Porque jamás sabes si eso que pasará será bueno o malo, y te pasas todo el día con la sensación, hasta que te acuestas en tu cama y dices: bah, no pasó nada. O, por el contrario, pasa algo, y dices: Oh, soy bruja. Pero es agradable, porque te mantiene en espera.

Esperar es bueno, incluso para los impacientes. Porque esperar conlleva esperanza. Más bien, esperar es esperanza.
Por eso me preocupo. Porque, últimamente, no estoy esperando nada. Y el no esperar nada hace que tu vida se convierta en un vacío. El no esperar nada de nada ni de nadie, significa que no tengo esperanza.
Sé que hay un Dios. Creo en Él, y le amo. Pero todos pasamos por momentos de desesperanza. Como yo, últimamente.

Ahora bien. ¿Esperanza en qué? ¿Qué es esperanza? Se define como la confianza de lograr una cosa o de que se realice algo que se desea.
Yo tengo la esperanza de que un día, todo el sufrimiento acabará. Tengo esperanza, fe y certeza de que así será. Pero, ¿cómo sobrevivir por mientras?
La esperanza nutre. Sin esperanza, sin creencia, no puedes ser feliz. Hay una palabra hermosísima llamada paz que engloba muchas cosas. Creyendo tienes paz. Paz y esperanza.
Estoy mezclando muchos conceptos e ideas, pero mejor así, porque es lo que se me viene frenéticamente a la mente, y así podrás entender cómo funciona mi atormentada mente.

Daré un ejemplo.
Cuando eres pequeño y tienes un problema, esperas con confianza en que tu mamá lo resolverá. ¿No? Descansas en ella.
Algo así me pasa con Dios. Cuando oro, sé que me está oyendo y confío en Él. Paz, confianza, esperanza.
El problema comienza cuando te tornas impaciente y no sabes esperar, y piensas que Él no te oye, no te toma en cuenta, no te ama y por tanto para ti, ya no existe. Yo no he pasado por etapas tan drásticas. Sí siento el silencio de Dios, pero sigo creyendo en Él y trato de aferrarme a su amor.

Últimamente, no estoy esperando nada... pero todavía en mi corazón y en mi mente están los rastros de esa esperanza que ni las olas más grandes podrán borrar. Y por eso sé que cuando lloro, no solo estoy mojando mi rostro, sino que alguien arriba, está esperando para actuar... o ya está actuando. Este mundo es pasajero, y por ende, sus sufrimientos. Pero tengo la esperanza de retornar a ese hogar que aún no he conocido.
Sí, es confuso (y bello) añorar algo que no conoces. Pero es tan cierto como que el cielo es azul.
Siento que no he expresado nada, y a la vez, lo he expresado todo.
Solo algo diré: lo último que debería perderse es la esperanza. Aunque a veces la queremos reprimir, porque no queremos que nazca, pues con ella nace la ilusión, y por ende, la sombra amenazante de la desilusión. Pero es mejor estar desilusionado que no tener ilusión, así como mejor es estar herido por amor, que jamás haberse enamorado.

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