sábado, 9 de mayo de 2015

Palabras

Las palabras no pueden cambiar el mundo a menos que estén grabadas con fuego y sangre. Una palabra no es poderosa por sí sola, sino que se vuelve poderosa al estar acompañada de más palabras y darse significado entre ellas.
Sin embargo, hay palabras que concentran todo el poder sobre sí mismos. Palabras que al ser acompañadas se vuelven destructivas, y que al estar solas permanecen impasibles y poderosas.

Muchos tienen la capacidad de trazar palabras, de escribir lo que se les dicta. Otros, los menos, podemos inventar algo. El poder no está en la palabra, sino en el orden, la forma, la metáfora.
El talento no está en inventar historias, sino en saber ordenar las palabras.
Las palabras son nuestras herramientas y nuestro material.
Dale diez tablas, veinte clavos y un martillo a un carpintero, y diez tablas, veinte clavos y un martillo a una persona con nula capacidad constructora, y los resultados serán extremadamente opuestos, a pesar de que les diste a ambos sujetos las mismas cosas.

Todos disponemos de miles y miles de palabras. Sin embargo, no todos saben usarlas.
Eso intento decir, que todos tenemos las palabras ahí, frente a nosotros, pero insisto en que la gracia no está en inventar una buena historia (aunque ayuda bastante), sino en saber ordenar y usar las palabras.
No es lo mismo decir que una voz es suave, a que una voz es meliflua.
Las palabras son de conocimiento general. Sin palabras no hay comunicación ni ciencia. La palabra es la herramienta para crear, y el material para ser usado.
Los escritores somos carpinteros, solo que en vez de usar madera, usamos algo más abstracto y menos tangible.

Las palabras pueden cambiar el mundo, solo si están grabadas a fuego y sangre... y si están bien ordenadas.

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