martes, 5 de mayo de 2015

Sombra

Ella no era materia, sino sombra. 

Le gustaba vivir del aire y del agua, respirar del rocío matutino y oír el tronar de las almas en la madrugada. Caminaba por senderos de tierra, porque sus pies de atmósfera se congelaban al tocar el pavimento. Jamás abrió la boca si no era para sonreír. A veces levantaba la vista y observaba la luna, y parecía que su alma se le quería escapar hacia el plateado del cosmos... pero ella no tenía alma, ella era alma, y ese era el problema.

Un día me la topé al volver de la oficina. Había oído de ella. Murmuraban, con reverencia, que quien se encontrara con la sombra tenía dos opciones. O moría, o era esclavizado por ella.
Yo no le temía a los demonios, ni a los monstruos, ¿por qué temerle a una sombra?

-Ella no es una sombra cualquiera, ella se adapta al observador. Ella es una sombra, puede escabullirse... ella adopta la forma de tus propios miedos.

Pero yo no le tenía miedo a nada, entonces, ¿era posible ver a la sombra en su estado puro?

Pero ese día, me encontré a la sombra. Y yo no sabía que lo era.

Caminaba tranquilamente, cuando oigo un lamento. Un lamento delicioso, que se me antojó como de
sirena. Volteo mi rostro y veo a una mujer acurrucada en el callejón. Lloraba, al parecer, porque se agitaba y ocultaba su rostro.

Entonces me acerco, con el fin de prestarle ayuda. Soy mujer, sé que mi presencia no la asustará.
Pero mientras me acerco, observo sus pies desnudos. Todo el lugar es de cemento, pero bajo ella hay tierra. Tierra reciente, tierra recién formada.

Es ella.

Ya es muy tarde para echarme a correr, temo que si me doy la vuelta todo sea peor. Así que me detengo, pero no me muevo.
Entonces ella levanta su rostro.
Esperaba algo angelical, algo místico o de fantasía. Una cara hermosa, un rostro radiante. O en el peor de los casos, un monstruo horripilante.

- ... Ella adopta la forma de tus propios miedos.

Y entonces levanta su rostro, me veo a mí misma, y me desintegro.

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