sábado, 8 de agosto de 2015

La muerte

No sabes lo que hay más allá, te aterra lo desconocido y por eso te aferras a la Tierra, a lo que ya sabes y conoces.
Hay personas que creen que morir es un sueño eterno, simplemente dejar de existir, que tu cuerpo se convierta en polvo y tu alma se desintegre y ya está: que te coman los gusanos y que la gente te llore en el cementerio.
Otros, como yo, creemos en la existencia de la vida después de la muerte, del Cielo y del infierno.
Tu cuerpo vuelve al polvo del que surgió, pero ciertamente tu espíritu no puede desaparecer como nada, como si fuera una columna de humo saliendo de la chimenea.
Sea cual fuese tu postura, ¿por qué le temes a la muerte?
Si ves a la muerte como un sueño, entonces no pasa nada, no es algo místico o aterrador como para que le temas.
Y si crees en el Cielo y en el infierno, entonces eres consecuente ¿no?, actúas en tu vida para lograr llegar al Cielo, porque sino... ¿crees en el infierno pero te da lo mismo?
Como sea, no deberíamos temerle a la muerte.
Estamos tan afanados en nuestras cosas, tan metidos en lo que hicimos, hacemos y vamos a hacer, que olvidamos vivir. Pensando que vives te estás muriendo, y es al borde de la muerte cuando te das cuenta de que no viviste como debería ser.
¿Por qué le tememos a la muerte? Porque primero, quieres tener hijos, verlos crecer, conocer a tus nietos... quieres viajar por el mundo entero, plantar un árbol, escribir una novela.

La muerte puede llegar en cualquier momento, así que sí, puedes actuar a consecuencia, pero sin miedo.
Tenerle miedo a la muerte es sinónimo de afán, y el afán nunca es bueno, te aleja de lo verdaderamente importante y te hace apegarte a cosas que de nada te servirán cuando llegue la muerte a la que tanto temes.

sábado, 1 de agosto de 2015

El gran sándwich espiritual

Un sándwich es, básicamente, dos rebanadas de pan que encierran o encapsulan variadas cosas comestibles.
Aunque solemos fijarnos más en lo de adentro (que la lechuga, que el tomate, que la mayo), es también imprescindible e importante el pan. Sin el pan, lo de adentro no se sostiene, o se convierte en una simple ensalada.
El pan inferior sostiene a lo demás, y el superior hace que todo el resto permanezca junto.
Dicho esto, y aclarada la importancia del pan en el sándwich, pasaré a mencionar ciertos elementos que deberíamos trabajar en nuestras vidas.

Amor: sin amor, nada somos (¿ya leíste mi entrada Amor real?)
Gozo: ser felices, saber que somos felices, aún en los momentos no tan buenos (lo que no significa estar sonriendo todo el tiempo)
Paz: saber que todo estará bien, estar en tranquilidad.
Paciencia: saber esperar, y no desfallecer en el camino.
Benignidad: es el sentimiento interior de querer hacer el bien.
Bondad: expresión concreta de la benignidad.
Fe: creer, solo creer, ciegamente, sin necesidad de ver.
Mansedumbre: si te abofetean una mejilla, pon la otra (lo que no significa dejar que todos te maltraten o te traten injustamente)
Templanza: ser como una espada templada: la forjan en fuego, la templan en agua, y a esa espada nadie le dañará el filo. Tanto en fortuna como en adversidad, permanecer igual, tener siempre el mismo carácter, los mismos principios y las mismas convicciones, nadie te mueve de tu lugar.

Sin amor, no tenemos nada, el amor es como el pan inferior del sándwich, el que sostiene al resto.
Luego viene una lista de siete frutos espirituales más, y luego, colocamos el pan superior, es decir, la templanza, la que permite que todos los frutos permanezcan juntos en todo tiempo.

¿Mi consejo? Forja estos elementos... sino, serás como una bestezuela que no vive, solo subsiste.