domingo, 10 de julio de 2016

El hembrismo

Quiero aclarar que sí, soy feminista, y pienso tratar mucho este tema porque la gente (tanto hombres como mujeres) tiene ideas equivocadas y prejuicios alrededor de este tema. Y yo puedo contribuir con un granito de arena.
Hoy quiero hablar del hembrismo.

Hoy quiero ser deductiva y partir por lo general: el hembrismo no existe.

Ya, luego de esa frase explosiva quiero aclarar que el hembrismo sí existe, pero no como la gente cree. Por lo general, se tiene la idea de que el hembrismo es lo equivalente al machismo pero en versión mujer, es decir, que se ponga a la mujer por sobre al hombre. Pero esto es francamente ridículo: no existen sociedades matriarcales, no hay derechos especiales para las mujeres (la discriminación positiva es otro tema que hay que aclarar), no existen ideologías de opresión a los hombres, que sostengan que estos son inferiores a las mujeres, no existen sistemas económicos basados en la los meses gratis que trabajan los hombres (porque a los hombres se les paga todas sus horas de trabajo, a diferencia de la mujer), porque la mujer es un objeto decorativo, sexual, y el hombre es el culto, el que sustenta los hogares y busca el éxito.

En fin, que en ninguna oficialidad el hombre es inferior a la mujer.

Y entonces, ¿qué es el hembrismo?
Es lo complementario al machismo.

En tanto que el machismo se relaciona con el macho y su actitud dominadora, el hembrismo se relaciona con la hembra y su actitud de dominada.

Por tanto, ser hembrista es avalar el machismo.

Por favor, denuncien a Wikipedia y su falsa información. La palabra ni siquiera está en la RAE. Pero si prestan un mínimo de atención a la etimología...

No es necesario alargar el tema, está claro. Si escuchan a una mujer generalizar mal sobre los hombres no es hembrista: es intolerante.



sábado, 14 de mayo de 2016

Memento Mori

Ha pasado un largo tiempo, tiempo que siento como una nube algodonosa. Tiempo de reflexión, de desahogos y de desesperanza. Quizá todo ha sido mi culpa y, realmente, no me duele ni me cuesta aceptarlo.
Mis antiguas entradas, las veo lejanas e intemporales. No soy yo quien las ha escrito (así lo siento ahora).
Di un gran paso al contar que tengo tricotilomanía, pero mi vida no gira en torno a eso.
Hoy quiero relatar algo que me ha pasado.

Quería morir. El suicidio jamás ha sido una opción y yo creo que los lectores continuos ya lo saben. Y, a diferencia de mi yo de doce años, tampoco le pedía a Dios que me llevara. Solo persistía el deseo, el asco por este mundo, el odio algo irracional hacia las personas, la indiferencia, el vacío, la soledad. No encontraba razones para vivir y como siempre, solo Dios me daba algunos instantes de consuelo. Comencé a vivir cada día como un reto, un tormento que sobrellevar. La gente se da cuenta que algo pasa, tu rostro se demuda, tu humor cambia y tus palabras son distintas, puesto que de la abundancia del corazón, habla la boca.
La muerte comenzaba a ser un tema recurrente en mi trastornada cabeza, hasta que...

Hace pocos días, partió antes de tiempo una niña de doce o trece años que conocía de lejos. Se encontraba jugando en unas barras cuando cayó desvanecida. La cosa es que su pequeño corazón no resistió los múltiples paros cardiorespiratorios y su vida se esfumó entre la sangre que le coronó la boca en sus últimos instantes de vida.
Fue una conmoción total. Nadie espera que una niña pequeña muera de la nada. Estaba en octavo básico. Demasiado pronto. Demasiado pronto.

Pensé en sus padres, que la mandaron al colegio por la mañana y la recibieron en la tarde en una caja. Pensé en las amigas que la vieron caer, en lo profesores que tendrán que omitir su nombre en las listas de asistencia, en su pololo, en sus conocidos.

Una niña que se veía tan alegre, que aparentemente tenía toda una vida por delante.
Primero vino el shock, la tristeza y la consecuente reflexión de lo efímera que es la vida.

Memento Mori. Recuerda que has de morir.

Y luego pensé en mí, llorando por los rincones. Me sentí tan egoísta, tan tonta y frívola, que la tristeza se me espantó de una y dio lugar a un vago sentimiento de estupor que perdura hasta hoy.

Debo comenzar a perseguir los momentos bellos para no caer en un oscuro abismo sin fondo. No nos adelantemos. Todos moriremos algún día y no conocemos las circunstancias de tal suceso. Seamos conscientes de nuestra calidad de finitos y mortales. Vivamos cada día como si fuera el último, no para jolgorios ni parrandas, sino con la mente limpia de preocupaciones sin sentido, con el corazón limpio de amarguras y de errores, con el alma conectada a Dios.

Es fuerte pensar que la muerte de alguien cambia la vida de otra, tan ajena. Pero los planes de Dios son misteriosos y perfectos.

Recuerda que has de morir, y vive.




viernes, 8 de abril de 2016

Esperando por tu amor

Llegamos a este mundo desnudos, sin nada entre las manos. ¿Por qué luchamos tanto entonces por poseer algo? ¿Por qué no buscamos solamente amor?

Miro las tumbas de tantas personas que no conocí, nombres gastados, vidas que se acabaron. Qué curioso me resulta. Nada de lo que hayan hecho está con ellos en estos momentos.

Y yo... yo creo que he estado esperando por tu amor todo este tiempo.

miércoles, 16 de marzo de 2016

TTM, mi historia.

Nunca fui maltratada. Nunca sufrí daño psicológico. Jamás me autolesioné. Todo comenzó en mi niñez, en algún curso de Enseñanza Básica que no recuerdo.
Si el destino quería que yo fuese una tricotilomaníaca, no importa el cómo, cualquier cosa lo detonaría.

Como ya saben, soy chilena, y por lo menos acá en mi ciudad, existe una especie de juego supersticioso que consiste en sacarse una pestaña, colocarla entre el dedo pulgar y el índice, y hacer una pregunta en voz alta. Si la pestaña queda en el dedo de arriba la respuesta es sí.  Si queda abajo, es no.
Pues bien, yo no conocía ese estúpido juego. Pero mi compañera de puesto sí. Se llamaba Nicole, jamás podré olvidar su nombre. A veces la veo en la calle, tan feliz y sonriente, y me pregunto si será consciente de que ella fue la causa detonante de que la vida de una chica se volviera un desastre. Por supuesto que no.
Ella me dijo que lo intentara. Yo inocentemente me arranqué una pestaña. ¿Por qué habría de importarme? Total, mis pestañas eran largas, gruesas y abundantes. Sanas.

Sin embargo, desde aquel remoto día perdido en los calendarios, mi infierno comenzó.

Supongo que mis papás no lo notaron hasta el día en que mi cara se había transformado. Me había arrancado todas y cada una de las pestañas superiores.

Me retaron, obviamente, de manera muy fuerte. Me obligaron a no hacerlo nunca más, me amenazaron con pegarme si lo volvía a hacer, y se quedaron así de satisfechos, creyendo que lo había hecho porque tenía celos de mi hermano menor, con quien me llevo por dos escasos años.

Sin embargo lo volví a hacer. Una y otra vez. Era tan chica que no me importaba mucho si me veía fea o no. El sentimiento gigantesco de culpa que sentía era porque mis papás me retaban y amenazaban cada vez que me veían con los ojos pelados. Creo que este fue el error crucial.
Comencé de tan chica, que probablemente esto no hubiera pasado a mayores si mi familia hubiera reaccionado de otra manera. No se dieron cuenta de que es completamente anormal que una niña se arranque las pestañas; creyeron que era una jugarreta. Mis hermanas me acusaban, mis padres me retaban. Mi familia me apodó "ojos de pescado". Yo entretanto lloraba y maldecía mis dedos.

Mi mamá comenzó a desesperarse de tal forma, que en una reunión de padres y apoderados, habló con mi profesora jefe, quien habló conmigo con una voz, entre reto y compasión, que yo no podía soportar.

Me sentía humillada, fea (ahí comenzo todo), tonta.

Aunque hablaran mil adultos conmigo, yo seguiría igual. Y peor.

Antes de cambiarme de colegio, hubo una época en que había parado de hacerlo. Fue un período bello, en el que me creí sana y casi bonita, aunque mis pestañas jamás volvieron a ser las mismas.

Pero al cambiarme, enfrentada a decenas de personas que no conocía, a un lugar al que no estaba habituada, a un estrés que no había sentido jamás, sintiéndome de pronto horriblemente fea, mi problema volvió.

Debo decir que era peor en ese entonces: no me maquillaba los ojos porque era chica para hacerlo (aunque hay niñas de 11 que se arreglan más que yo) y además, creía que era el único ser anormal del mundo que tenía ese problema de sacarse las pestañas. Mi autoestima decayó tanto en 8vo Básico y 1ro Medio, que casi estuve en depresión, falté muchísimo a clases, se me irritaron los ojos y me sentía más fea que nunca.

Entre los 14 o 15 años comencé a pintarme los ojos de negro. No dejas de verte rara, pero se disimula bastante bien.

Sin embargo perdí muchas cosas aparte de mis pestañas: autoestima, habilidad y participación social, capacidad de mirar a los ojos al hablar, personalidad, felicidad o alegría y fe.

Aún recuerdo aquel día en que, harta de depender de la vaselina líquida por las noches, algo hizo click en mi cerebro y se me ocurrió buscar mi problema en internet. 
No puedo describir lo que sentí al enterarme de que eso tenía nombre. Tricotilomanía (TTM), trastorno del control de impulsos, asociado a los Trastornos Obsesivos Compulsivos (TOC). 

"La tricotilomanía es un tipo de trastorno de control impulsivo, cuyas causas no se comprenden con claridad.

Puede afectar hasta el 4% de la población. Las mujeres tienen una probabilidad cuatro veces mayor de resultar afectadas que los hombres."

Lloré como condenada, me sentí aliviada de no ser la única, pero al mismo tiempo sentí que había tocado fondo.

Se lo mostré a mi mamá, luego al resto de mi familia. Les hice ver que era algo incontrolable, sin cura. Ellos lo aceptaron, aunque no entendieron  al tiro todas las implicaciones del caso. Ya no me retaban, ya no se burlaban de mí, me compraban vaselina líquida y lápiz de ojos sin rechistar. También, dejaron de contárselo a medio mundo, porque vislumbraron la delicadeza que para mí tenía el tema.

Pero seguí cargando el infernal lastre sola.

Hay tanto que me gustaría decir... pero quiero acabar la historia para llegar al presente.

Quisiera describir el sentimiento de "trágame tierra" cuando algún imbécil inconsciente te pregunta en voz excesivamente alta: ¡¿Por qué no tienes pestañas?!

Quisiera poder encontrar las palabras adecuadas para que los sanos empaticen con nosotros, los trastornados. Que esto no es meramente "arrancarse pelitos". Que esto desencadena millares de cosas negativas y que está conectada a otro millar de pequeños infiernos.

Quisiera que la TTM no fuera algo tan desconocido. Que la gente sepa lo que es, para que no tengamos que andar ocultándonos como ladrones, para que no tengamos que repetir cada vez el mismo discurso.

Quisiera sanarme.

Soy muy joven. No es un secreto. Y creo que estoy presentando algunos otros problemas psicológicos. Reviso mi árbol genealógico y lloro. Unas cuantas primas con TOC, una abuela con depresión, un tío con bipolaridad.
Una familia tremendamente inteligente, culta, con un marcado temperamento melancólico.
En mi familia todos tenemos manías.
Yo heredé la peor parte, por lo que veo.
La depresión aumenta, la bipolaridad surge, el sentimiento de vacío me succiona cual agujero negro y la TTM sigue.

Solo Dios me ha mantenido con fuerzas y valor.

Ahora estoy en una nueva etapa. Una en la que el miedo persiste, pero yo me veo capaz de enfrentarlo. Que decaiga.

Estoy exigiendo hora al psicólogo. Estoy buscando páginas o redes sociales de ayuda. Estoy investigando. Estoy contando. Estoy escribiendo esto. Estoy luchando.

La TTM es una lucha silenciosa, y yo haré lo que esté en mis manos para ayudar a quien pueda y concientizar al ignorante.

Quizá no me cure nunca. Lo más probable. Doctores no pueden. Pero Dios sí. 
Y si no tengo fe, por lo menos puedo intentar controlarme.

Estoy en una etapa dura, sí. Veo todo oscuro, sí. ¿Estoy resignada? No lo sé. ¿Estoy triste? Sí. Mi familia recién ahora comprende lo grave que es esto. Están preocupados, mucho... Pero ya es algo tarde. 
Todo se ha roto a mi alrededor por culpa de esta enfermedad, pero aún no dejo que me gane. Aún presento combate. Y espero hacerlo hasta el final.



viernes, 26 de febrero de 2016

Ayuda

Siempre intenté plasmar esperanzas en el blog. Mostrar que pese a dificultades y tristezas, uno permanece feliz. Sin embargo no es así, ya no. Recuerdo que creé mi blog porque estaba pasando por un mal momento, y escribir se convirtó (de nuevo) en una terapia. Pero luego empecé a escribir cosas medio esperanzadoras, dejé de escribir lo que de verdad estaba pasando en mi vida, dije que soy feliz. En mi primerísimo primer post dije que quería ser anónima porque iba a ser muy sincera. ¿Lo he sido? Sí, pero tal vez no lo suficiente.

Debo decir, ya sin tapujos y sin parches opacos, que estoy profundamente deprimida. Que ya no veo las cosas con el mismo calor y la misma calidez de antes. Ya todas las situaciones me pesan o me abruman. Llevo mentiras y verdades atragantadas y anclas clavadas en las muñecas.
De la nada me sobreviene angustia, quiero escapar de todo, llorar hasta desaparecer. Quiero hacer tantas cosas que, literalmente, no puedo hacer, que siento que en mi vida aún no hayo un sentido. Sé que está Dios, que es la solución, pero cuando uno comete el error de alejarse de Él, simplemente, todo se desmorona

Deseo morir. No por cobardía. O bueno, quizás sí. La verdad nunca he sido dada a luchar, aunque vaya que la vida me ha dado razones para hacerlo. Solo... Solo deseo que todo acabe de una vez. Quiero ver a Jesús a la cara y saltar de felicidad y olvidar todo lo que ha pasado aquí abajo. Quiero que todo acabe, porque siento que ya no tengo opciones.

Soy una gran lectora. Pero debo decir algo, y es que las lecturas no siempre son constructivas. Y uno se termina acostumbrando a evadir la realidad, y por eso de algún modo cuando terminamos un libro entramos en un estado extraño. Últimamente leer y escuchar música me está afectando demasiado. Puede sonar estúpido, pero sí que debe haber alguien que me entiende. Pero lo sigo haciendo, porque es un vicio. La tristeza es un vicio.

Siento, además, que ni "amigos" ni familia son un apoyo a estas alturas. Y necesito llorar todos los días a cada rato, porque las lágrimas sanan, limpian, purifican... Pero no puedo.
Porque siempre hay alguien y porque no puedo soportar que alguie me critique por llorar (sí, criticada).

Ya no encuentro un sentido a la vida,   ¿es muy pretencioso sentirse un personaje salido de El extranjero de Camus?

Necesito ayuda urgente, porque me voy a terminar consumiendo.

Esta es la canción cuya letra siento que me identifica actualmente; ni se les ocurra molestarse por la calidad:


El coro.... El coro.

jueves, 18 de febrero de 2016

El árbol que en invierno permanece siempre verde

Ella subía a los árboles y se balanceaba en las ramas. Casi no le importaba que su vestido se desgarrara, que su pelo se llenara de hojas y de insectos y que su piel se raspara. Ella quería estar cerca del cielo.
Muchas veces la encontraron dormida, sentada sobre una rama baja y recostada contra el tronco. Le decían que era peligroso, porque podía caer. Pero, ¿cómo podía caer, si ella ya era parte del árbol?
Su pelo y las hojas no podían diferenciarse. Su mirada era verdosa como el follaje.

La querían, por eso la dejaban ser.
Y ella abrazaba el tronco, se encariñaba con sus ramas y sus hojas; descalza llegaba hasta la copa. Y respiraba. Libre.
Miraba el cielo, extendía sus dedos intentando agarrar pedazos de nubes y rayos de sol. Nunca lo lograba. Pero por eso, siempre volvía al árbol.
Todos lo notaban. Ella salía de la casa por la mañana como una niña, y volvía al atardecer convertida en una mujer. Y la noche la restauraba a su edad real.

Un día, sin embargo, no volvió. Los suyos se preocuparon, pero sabían algo con certeza: ella no había escapado. ¿De qué huiría? No.
Y ella no podía alejarse de su árbol.

Por eso no me extrañé cuando me contaron que jamás volvió. Que fueron a buscarla al árbol donde debía y tenía que estar. Que no la vieron, pero que la sintieron en la brisa fría de aquella hora. Me cuentan que el árbol estaba distinto. Más verde, más frondoso, más vivo.

No es extraño que nadie la llorara, porque para sentirla bastaba con sentarse recostados contra el árbol. Ellos sabían que ella era el árbol.

Nunca la conocí, a aquella que debió ser mi hermana mayor. Cuando me contaron la historia del árbol que en invierno permanece siempre verde, no dudé ni un instante de que era cierto que ella había existido. Un alma que jamás se dejó aprisionar por las fotografías ni por los retratos, pero que prontamente se dejó atrapar por un árbol.

Yo no existía aún. Yo no sé con certeza si es cierto. Puede que, efectivamente, se haya transformado en árbol. Puede que haya logrado agarrar una nube y se haya esfumado, o tocado un rayo de sol y se haya desintegrado. Puede que se haya marchado al bosque. Puede que se la hayan llevado.
Pero no veo dolor en los ojos de mis padres.
Y me gusta columpiarme en las ramas bajas del árbol. No por mucho tiempo, no quiero convertirme en árbol como mi hermana. Pero sí el tiempo suficiente para sentir una ligera brisa que me envuelve como en un abrazo.

Ella está ahí... en algún lugar, ella está.


viernes, 12 de febrero de 2016

Desahogo (2)

Escribo esta entrada desde mi celular, en una casa que no es la mía, en una ciudad que no es la mía. Sin embargo, sabiendo que esta entrada puede presentar errores, escribiré igual. Porque lo necesito y porque ya se me hizo costumbre publicar en este blog. ¿Y qué haré? Solo necesito escribir pensamientos, conclusiones y divagues.

  1. Crear este blog es una de las mejores decisiones que he tomado.
  2. Odio comprar ropa. Siempre termino malhumorada y con el autoestima por lo suelos. Quien dice que las "subidas de peso" sufren al buscar ropa, creo que no se ha fijado que casi toda la ropa va de la talla M a la XL. Las que estamos muy alejadas de ese rango sufrimos. Las flacas igual la pasamos mal, incluso quizá un poco más que las "rellenitas". En alguna entrada me explayaré para que no me juzguen.
  3. Creo que debo ir al psicólogo.
  4. Creo que todos los que me han leído me imaginan como una chica emo, depresiva y medio hipster. Pero debo decir que aunque sea muy melancólica y tristona, y que aunque de repente me dan ataques de angustia, soy feliz, gracias a Dios. Soy muy buena para reír (me juzgan también por eso). 
  5. Estoy comenzando a considerar la existencia (esta) como algo absurdo y vano. Como Camus.
  6. A mi edad, ya tengo muchos sueños frustrados.
  7. La gente me juzga mucho.
Son muchas las cosas que me gustaría decir, pero esto basta para desahogarme un poco (muy poco).
Hoy me dio un acceso de angustia. Pero en la situación en la que estoy, no tengo otra manera de desahogarne. Este verano ha sido una época de cambios. Y no sé que esperar.


martes, 9 de febrero de 2016

Nocturno

Está oscuro y cae una ligera niebla sobre el jardín. El pasto está salpicado de pequeños farolitos, de esos que funcionan con energía solar y lo único que alumbran son los insectos que se acercan a su luz. Parece un valle salpicado de luciérnagas heridas. Yo estoy erguida en medio del camino de tierra que divide el jardín en dos mitades. Veo la luna menguante alumbrando el cielo, las estrellas saludándome. Me pregunto si podré oír risas de las estrellas. Si podré alegrarme con solo mirar el cielo, como el aviador. Lo dudo.
Aunque dentro hay música y risotadas, aunque hay luz derramándose sobre cada mota de polvo, aunque allá dentro están todos, yo permanezco fuera, sumida en la oscuridad y la quietud y la paz y la melancolía. Dejándome llevar por Chopin en mi mente.

Él se acerca lentamente, con una copa semi vacía en la mano. Se coloca a mi lado y me estremezco. Dice algo pero no le oigo. Está a mi lado, pero está lejos de mí. Mis ojos lo miran, contemplo sus facciones como talladas en mármol, alumbradas bajo la luz plateada de la luna y las estrellas, e inconscientemente cierro mis ojos como extasiada.
Entonces abandona la copa junto a un farolito,  me toma en posición de baile, comenzamos a girar lentamente sobre el pasto, esquivando las luciérnagas, y comprendo que él también oye a Chopin.

Mientras giramos, y aunque él me observa, cierro mis ojos porque quiero dejarme llevar y porque sé que él me sostendrá.

Él me toma con cuidado porque sabe que estoy rota.

El piano suena en nuestras cabezas. Ante mí se extiende una escalera de caracol que me llevará a los cielos.
Subimos tomados de las manos, a veces lento, de vez en cuando corriendo. A veces nos resbalamos.
Me detengo, porque oigo risas y sé que hemos llegado a las estrellas.

En uno de los últimos escalones miro hacia atrás, hacia lo que hemos dejado. Y veo que las puertas de la casa se han abierto, y que algunos invitados se están yendo. Comprendo que el fin se acerca.
Una ráfaga de viento me envuelve de plumas, hojas de cerezos y polvo de estrellas. Suelto su mano y bajo los peldaños corriendo.
Él me sigue y a medida que bajamos, los escalones se convierten en un vapor perlado que se disipa en la niebla.
La pieza de piano se ha convertido en simples notas superpuestas. Más ritmo tienen los latidos de mi corazón.

Me voy.

Me he ido antes porque sé que no soportaría verlo marcharse.

Pero ahora, cada noche veo el cielo y miro las estrellas. Y no oigo risas, pero siento algo cálido que me envuelve, como un abrazo. Miro las estrellas, y sé que él las está mirando. Donde quiera que esté, yo lo estoy mirando.

Y siempre tendremos a Chopin para juntarnos.



viernes, 5 de febrero de 2016

Diálogo

- Oye, te ves angustiada.
- ¿Por qué lo dices?
- Bah, no sé. Será quizá por tu mirada inquieta, por tus ojeras, por las arrugas que se forman en torno a tus ojos y en la comisura de tus labios.
- Estoy cansada.
- ¿Deportes? ¿Trabajo? ¿Estudio?
- Estoy cansada de vivir. La muerte me parece una hermosa opción. Pero soy muy valiente (o muy cobarde) como para matarme.
- ¿Por qué dices estar cansada?
- Siento que llevo luchando y luchando demasiado tiempo. Y que ya no vencí. Siento que he fracasado, que ya no hay opciones para mí. No hay vuelta atrás, estoy hundida.
- Quizá no has luchado de la manera correcta.
- No hay maneras correctas cuando de luchar se trata.
- En eso estás equivocada. El fin jamás podría justificar los medios.
- Estoy agotada. Estoy hastiada de llorar y de sentirme vacía. Estoy chata de sentirme incomprendida y sola e inútil.
- Pero, ¿cuál es tu lucha?
- Es difícil de explicar... es confuso... yo...
- ¿Cómo puedes luchar por algo que no tienes claro?
- ¡Sí lo tengo claro! Solo no sé cómo expresarlo. 
- Te ahogas en un vaso de agua...
- ¿Ves? Ni tú me entiendes...
- Claro, ¿cómo esperas que el resto te entienda si no te entiendes ni tú misma?

Paré. Realmente era duro hablar frente a un espejo.



jueves, 21 de enero de 2016

Cambios, consejería y lo que tú quieras

Si eres observador, te habrás dado cuenta de que agregué dos botoncitos al lado izquierdo del blog. Sí, redes sociales. Al menos, las básicas: Twitter y Facebook. Yo sé muy bien que en mi primera entrada Bienvenidos dije que quería que el blog fuese anónimo, y en mi entrada Desahogo dije que no quería promocionarlo.
Pues bien, quiero aclarar que estas redes sociales no son mis redes sociales, son las redes sociales del blog. Así que sigo en el anonimato.
¿Y por qué decidí "promocionarlo"? Porque bueno, es el afán del escritor. Es lindo que te lean y te comenten y te critiquen (constructivamente). Y la verdad, aunque comencé escribiendo para mí, quiero hacer de este blog, algo más, y para ello, debo dejar de escribir al vacío.

Se vienen cambios. ¿Cuáles? La esencia del blog seguirá siendo la misma, pero habrá cambios de temática porque la literatura y el arte son las cosas que me apasionan. Por ende, el enfoque será cristiano, literario, de divague, de crítica social... y de lo que se me venga en gana. Incluso si alguien me llega a pedir un tema, yo con gusto lo abordo.

Y, lo que me llena de nerviosismo: la sección de consejería. Quiero hacer una sección en la que me puedan escribir (anónimamente, por supuesto) pidiéndome ayuda, formulando dudas, o lo que tú quieras. Quiero ayudar con todo lo que he aprendido en mi paso por la Tierra. Esto, se viene pronto...

Por favor, si eres uno de mis lectores fantasmas, te agradecería mucho que sigas mi blog y mis redes sociales, y que comentes cada vez que se te venga en gana. Quiero crecer, pero me niego a hacer spam obsesivo en otros blogs. La afiliación es una opción, pero tiempo al tiempo...

Esto sería todo.

Nos estamos leyendo


jueves, 14 de enero de 2016

Querida yo del pasado...

Es curioso ver cómo has cambiado, cómo has afrontado cada situación que te ha tocado vivir. Me satisface ver cuánto has aprendido y madurado. Me molesta ver que, a veces, aún te comportas como una niña de trece años. Créeme, me gustaría poder ver el futuro y decirte cómo irá todo. Me gustaría volver al pasado para abofetearte o abrazarte o aconsejarte dependiendo del caso, cada vez que lo necesitaste. Pero si tuvieras esa ayuda tan tangible, no crecerías como persona. No puedo hacernos esto.

Querida yo, sé que has pasado por momentos difíciles, sé que si estuviera en tus manos, borrarías años enteros de tu vida. Pero eso no es sabio ni inteligente. Mírame, has aprendido de tus caídas. Aún quedan muchos errores por cometer y muchas victorias que obtener y por ende, muchas cosas que aprender.

No eres una inútil. Intenta no pensarlo nunca más, porque eso te limitará más de lo que ya crees que estás. No te definas por cómo te definen los demás.
Querida yo, no le tengas tanto miedo al espejo. El espejo es una simple cosa, pero más que nada, el espejo es tu reflejo. No te tengas miedo.

No digas ni repitas que estás enferma. Sí, tienes algunos problemas, unos cuantos conflictos, te pasan cosas raras. Ya sé que los psiquiatras dicen que es una enfermedad. Y sí, a estas alturas, aún no sano. Pero recuerda que cuando chica fuiste objeto de un milagro. Y que solo tu falta de fe impide que esto vuelva a suceder.

No te angusties si crees que el amor jamás llegará a tu puerta. Aprenderás que estar soltera no es sinónimo de estar sola. Te darás cuenta de que sí habrá personas que te querrán. Te advierto, te darás cuenta algo tarde.

Sé que nunca has fingido, pero quiero insistir en que no lo hagas. No eres ni lo uno ni lo otro. No te defines por el negro ni por el blanco. Eres gris. Un gris con principios definidos, no un gris que coquetea con cada lado.

Por favor, aprende a alejarte de quienes no te ayudan, de quienes no te quieren, de quienes son internamente felices cuando te ven caer. Uf, aún no lo hemos logrado.

¡No rechaces tantas oportunidades por vergüenza! ¿Quieres ser escritora? Entonces, acumula experiencias, no te encierres en esa burbuja que tanto te empeñas en conservar.

Deshazte de esa pereza y esa inconstancia que a ratos te embarga. Por favor, este año lo necesitamos más que nunca antes.

Aunque tú, querida yo del pasado, no lo creas ni por un segundo, en estos momentos hay personas que te tienen envidia. Aléjate, no tengas temor de desechar relaciones dañinas.

Ya sé que, prácticamente, no hay día en el que no llores. No tengas miedo, llorar te hace más libre. No pienses que esas lágrimas se agotarán y te volverás una chica fría, dura y seca. Créeme, volverás a llorar muchas veces. Pero ese estado de tristeza perenne se disipará en la medida en que madures. Llora cuando quieras llorar, porque estarás en constante contacto con tu corazón.

Querida yo, nunca más desees morir. Alguien allá en lo alto decidirá cuándo es tu momento de partir. Tú, tranquila. Tú, yo del pasado, eres eterna. Soy yo quien vive en la incertidumbre del mañana. Pero nunca le tuviste miedo a la muerte, ¿no?

Querida yo del pasado, quiero decirte que sé que estás pasando por momentos muy duros. Sé que te ha tocado vivir pérdidas, descubrir diagnósticos, limpiar el suelo con tu autoestima, vivir un bloqueo de escritora y muchas cosas más. Sé que te sientes profundamente sola e incomprendida y que no te imaginas cómo saldrás de esa. Pero confía en mí cuando te digo que todo eso pasará y que en los momentos buenos (que te aseguro que vivirás), te darás cuenta que incluso en aflicción, Dios jamás te abandonó. Piensa, ¿serías capaz de seguir de pie con tanto peso encima? No, ¿verdad? Arrímate a Dios tanto como puedas, porque te revelaré que así es como saldrás de ese agujero.

Uh, cómo me hubiera gustado saber y poner en práctica todo esto antes.

Querida yo, del pasado y del presente, por favor, aprende a confiar en Dios.




sábado, 2 de enero de 2016

Despiertos

Tenía una mirada profunda del color del musgo. Un cabello brillante que albergaba luz. Un corazón sangrante. Una cicatriz viva en el rostro.

Lo conocí una tarde otoñal de abril. Sentado bajo un árbol, mirando el vacío, sintiéndose parte de él. Había ido en busca de algo. Pero no sabía qué.

-Eres tú.

Su voz era justo como lo había imaginado.

- Me llamo...
- No quiero saberlo.- me interrumpió-. Si aprendo tu nombre, te harás parte de mí, me dolerás y luego serás parte de la oscuridad.

Quedé en silencio.

- Realmente eres tú.- repitió.
- ¿Por qué... por qué me mandaste todas esas cartas?
- ¿Ya no te lo había explicado por escrito? Yo te he creado.

De nuevo, la incertidumbre.

- Sí, sí, eso ya me los dicho cientos de veces. ¿Pero qué significa?
- Significa justo lo que parece.
- Y eso es...
- Que eres una invención de mi mente.

Eso no me molestó, pero creí prudente fingir molestia.

- Eso es... insultante.
- No lo es, es la verdad.
- No estoy dispuesta a soportar comentarios desquiciados de un extraño que...
- Dime algún recuerdo que tengas de tu infancia, cuando tenías diez años.

Una aguja de hielo perforó mi corazón. Este chico... ¿sabrá lo de...? No, imposible.

- No puedo.
- ¿No? ¿Y por qué no?
- Me voy.

Me di vuelta, pero su voz me detuvo.

- No tienes ningún recuerdo anterior a los once años. Yo lo sé.
- ¿Has estado espiándome?
- No exactamente.
- No... ¿Exactamente? ¡No exactamente! ¿Quién eres?
- ¿Quién soy? Esa no es la pregunta que quieres hacerme. Lo que quieres saber, es quién eres tú.
- Sé perfectamente quién soy. Soy...
- No quiero saber tu nombre.

Me detuve, meditando las palabras que diría.

- A los once años tuve un accidente que borró mi memoria por completo. Podría crear nuevos recuerdos y seguir con mi vida, pero no podría recordar lo ya pasado.
- Eso te han dicho ¿eh?
- ¿Qué?
- Jamás existió tal accidente.
- ¿Qué sabes tú? Además, hablas como  un entendido, ¡y tienes la misma edad que yo!

No habló. Siguió mirando la punta de sus zapatos. Pero luego, alzó sus ojos y me miró fijamente.

- Tenía once años cuando te soñé por primera vez. Una niña de mi edad que, en mis sueños, crecería junto a mí. Pero luego, te hiciste realidad.
- ¿Sabes lo ridículo que suena?
- ¿Y tú sabes lo incomprendido que me siento?

Callé.

- Te soñé con once años, y a partir de los once años se formaría tu vida. Por eso no tienes familia ni recuerdos anteriores a esa edad-. prosiguió.

Miré sus ojos del color del musgo y su cicatriz palpitante.

- ¿Quién eres?
- Soy un chico que nació con la maldición de un extraño poder.
- Tus sueños se hacen realidad...
- Mis sueños escapan de lo onírico para asentarse en este mundo.
- Pero eso es genial.
- ¿Tú crees?¿Has soñado que se muere un familiar muy cercano? ¿Has soñado que te caes de un precipicio? ¿Has soñado que se te caen tus dientes, que te persigue un perro o que te olvidas de tu ropa al salir? 
- Pesadillas... 
- Pesadillas, sí. Todo lo que sueño ocurre, y al otro día vuelvo a la normalidad, pero me quedan las cicatrices...
- Tu cicatriz..
- ... en el corazón.- ni se inmutó-. Sin embargo, los sueños son efímeros. La única que permanece eres tú.

Cometí un error al sentirme satisfecha.

- ¿Soy tu único sueño bueno?
- Eres mi maldición.
- ¿Qué...?
- Tú, tú acabarás conmigo. Tú me matarás.
- Yo no podría...
- Anda, vamos, saca ese cuchillo...
- Yo no ando con ningún cu...

Me interrumpí. Un temor se apoderó de mi ser. Lentamente y con cuidado metí mi mano en el bolsillo del abrigo, hasta que mis dedos reconocieron el perfil del mango de un arma afilada. Comencé a temblar.

- No hay nada que puedas hacer. Está escrito en nuestro destino.

Una fuerza invisible comenzó a empujarme. Sin saber cómo, tenía el cuchillo empuñado.
Volví en mí ya consumado el hecho.

Muerto mi creador, mi destino ya no estaba supeditado a sus sueños.
Aquella tarde había acudido en busca de algo. La libertad.

(Final alternativo)