sábado, 2 de enero de 2016

Despiertos

Tenía una mirada profunda del color del musgo. Un cabello brillante que albergaba luz. Un corazón sangrante. Una cicatriz viva en el rostro.

Lo conocí una tarde otoñal de abril. Sentado bajo un árbol, mirando el vacío, sintiéndose parte de él. Había ido en busca de algo. Pero no sabía qué.

-Eres tú.

Su voz era justo como lo había imaginado.

- Me llamo...
- No quiero saberlo.- me interrumpió-. Si aprendo tu nombre, te harás parte de mí, me dolerás y luego serás parte de la oscuridad.

Quedé en silencio.

- Realmente eres tú.- repitió.
- ¿Por qué... por qué me mandaste todas esas cartas?
- ¿Ya no te lo había explicado por escrito? Yo te he creado.

De nuevo, la incertidumbre.

- Sí, sí, eso ya me los dicho cientos de veces. ¿Pero qué significa?
- Significa justo lo que parece.
- Y eso es...
- Que eres una invención de mi mente.

Eso no me molestó, pero creí prudente fingir molestia.

- Eso es... insultante.
- No lo es, es la verdad.
- No estoy dispuesta a soportar comentarios desquiciados de un extraño que...
- Dime algún recuerdo que tengas de tu infancia, cuando tenías diez años.

Una aguja de hielo perforó mi corazón. Este chico... ¿sabrá lo de...? No, imposible.

- No puedo.
- ¿No? ¿Y por qué no?
- Me voy.

Me di vuelta, pero su voz me detuvo.

- No tienes ningún recuerdo anterior a los once años. Yo lo sé.
- ¿Has estado espiándome?
- No exactamente.
- No... ¿Exactamente? ¡No exactamente! ¿Quién eres?
- ¿Quién soy? Esa no es la pregunta que quieres hacerme. Lo que quieres saber, es quién eres tú.
- Sé perfectamente quién soy. Soy...
- No quiero saber tu nombre.

Me detuve, meditando las palabras que diría.

- A los once años tuve un accidente que borró mi memoria por completo. Podría crear nuevos recuerdos y seguir con mi vida, pero no podría recordar lo ya pasado.
- Eso te han dicho ¿eh?
- ¿Qué?
- Jamás existió tal accidente.
- ¿Qué sabes tú? Además, hablas como  un entendido, ¡y tienes la misma edad que yo!

No habló. Siguió mirando la punta de sus zapatos. Pero luego, alzó sus ojos y me miró fijamente.

- Tenía once años cuando te soñé por primera vez. Una niña de mi edad que, en mis sueños, crecería junto a mí. Pero luego, te hiciste realidad.
- ¿Sabes lo ridículo que suena?
- ¿Y tú sabes lo incomprendido que me siento?

Callé.

- Te soñé con once años, y a partir de los once años se formaría tu vida. Por eso no tienes familia ni recuerdos anteriores a esa edad-. prosiguió.

Miré sus ojos del color del musgo y su cicatriz palpitante.

- ¿Quién eres?
- Soy un chico que nació con la maldición de un extraño poder.
- Tus sueños se hacen realidad...
- Mis sueños escapan de lo onírico para asentarse en este mundo.
- Pero eso es genial.
- ¿Tú crees?¿Has soñado que se muere un familiar muy cercano? ¿Has soñado que te caes de un precipicio? ¿Has soñado que se te caen tus dientes, que te persigue un perro o que te olvidas de tu ropa al salir? 
- Pesadillas... 
- Pesadillas, sí. Todo lo que sueño ocurre, y al otro día vuelvo a la normalidad, pero me quedan las cicatrices...
- Tu cicatriz..
- ... en el corazón.- ni se inmutó-. Sin embargo, los sueños son efímeros. La única que permanece eres tú.

Cometí un error al sentirme satisfecha.

- ¿Soy tu único sueño bueno?
- Eres mi maldición.
- ¿Qué...?
- Tú, tú acabarás conmigo. Tú me matarás.
- Yo no podría...
- Anda, vamos, saca ese cuchillo...
- Yo no ando con ningún cu...

Me interrumpí. Un temor se apoderó de mi ser. Lentamente y con cuidado metí mi mano en el bolsillo del abrigo, hasta que mis dedos reconocieron el perfil del mango de un arma afilada. Comencé a temblar.

- No hay nada que puedas hacer. Está escrito en nuestro destino.

Una fuerza invisible comenzó a empujarme. Sin saber cómo, tenía el cuchillo empuñado.
Volví en mí ya consumado el hecho.

Muerto mi creador, mi destino ya no estaba supeditado a sus sueños.
Aquella tarde había acudido en busca de algo. La libertad.

(Final alternativo)