jueves, 21 de enero de 2016

Cambios, consejería y lo que tú quieras

Si eres observador, te habrás dado cuenta de que agregué dos botoncitos al lado izquierdo del blog. Sí, redes sociales. Al menos, las básicas: Twitter y Facebook. Yo sé muy bien que en mi primera entrada Bienvenidos dije que quería que el blog fuese anónimo, y en mi entrada Desahogo dije que no quería promocionarlo.
Pues bien, quiero aclarar que estas redes sociales no son mis redes sociales, son las redes sociales del blog. Así que sigo en el anonimato.
¿Y por qué decidí "promocionarlo"? Porque bueno, es el afán del escritor. Es lindo que te lean y te comenten y te critiquen (constructivamente). Y la verdad, aunque comencé escribiendo para mí, quiero hacer de este blog, algo más, y para ello, debo dejar de escribir al vacío.

Se vienen cambios. ¿Cuáles? La esencia del blog seguirá siendo la misma, pero habrá cambios de temática porque la literatura y el arte son las cosas que me apasionan. Por ende, el enfoque será cristiano, literario, de divague, de crítica social... y de lo que se me venga en gana. Incluso si alguien me llega a pedir un tema, yo con gusto lo abordo.

Y, lo que me llena de nerviosismo: la sección de consejería. Quiero hacer una sección en la que me puedan escribir (anónimamente, por supuesto) pidiéndome ayuda, formulando dudas, o lo que tú quieras. Quiero ayudar con todo lo que he aprendido en mi paso por la Tierra. Esto, se viene pronto...

Por favor, si eres uno de mis lectores fantasmas, te agradecería mucho que sigas mi blog y mis redes sociales, y que comentes cada vez que se te venga en gana. Quiero crecer, pero me niego a hacer spam obsesivo en otros blogs. La afiliación es una opción, pero tiempo al tiempo...

Esto sería todo.

Nos estamos leyendo


jueves, 14 de enero de 2016

Querida yo del pasado...

Es curioso ver cómo has cambiado, cómo has afrontado cada situación que te ha tocado vivir. Me satisface ver cuánto has aprendido y madurado. Me molesta ver que, a veces, aún te comportas como una niña de trece años. Créeme, me gustaría poder ver el futuro y decirte cómo irá todo. Me gustaría volver al pasado para abofetearte o abrazarte o aconsejarte dependiendo del caso, cada vez que lo necesitaste. Pero si tuvieras esa ayuda tan tangible, no crecerías como persona. No puedo hacernos esto.

Querida yo, sé que has pasado por momentos difíciles, sé que si estuviera en tus manos, borrarías años enteros de tu vida. Pero eso no es sabio ni inteligente. Mírame, has aprendido de tus caídas. Aún quedan muchos errores por cometer y muchas victorias que obtener y por ende, muchas cosas que aprender.

No eres una inútil. Intenta no pensarlo nunca más, porque eso te limitará más de lo que ya crees que estás. No te definas por cómo te definen los demás.
Querida yo, no le tengas tanto miedo al espejo. El espejo es una simple cosa, pero más que nada, el espejo es tu reflejo. No te tengas miedo.

No digas ni repitas que estás enferma. Sí, tienes algunos problemas, unos cuantos conflictos, te pasan cosas raras. Ya sé que los psiquiatras dicen que es una enfermedad. Y sí, a estas alturas, aún no sano. Pero recuerda que cuando chica fuiste objeto de un milagro. Y que solo tu falta de fe impide que esto vuelva a suceder.

No te angusties si crees que el amor jamás llegará a tu puerta. Aprenderás que estar soltera no es sinónimo de estar sola. Te darás cuenta de que sí habrá personas que te querrán. Te advierto, te darás cuenta algo tarde.

Sé que nunca has fingido, pero quiero insistir en que no lo hagas. No eres ni lo uno ni lo otro. No te defines por el negro ni por el blanco. Eres gris. Un gris con principios definidos, no un gris que coquetea con cada lado.

Por favor, aprende a alejarte de quienes no te ayudan, de quienes no te quieren, de quienes son internamente felices cuando te ven caer. Uf, aún no lo hemos logrado.

¡No rechaces tantas oportunidades por vergüenza! ¿Quieres ser escritora? Entonces, acumula experiencias, no te encierres en esa burbuja que tanto te empeñas en conservar.

Deshazte de esa pereza y esa inconstancia que a ratos te embarga. Por favor, este año lo necesitamos más que nunca antes.

Aunque tú, querida yo del pasado, no lo creas ni por un segundo, en estos momentos hay personas que te tienen envidia. Aléjate, no tengas temor de desechar relaciones dañinas.

Ya sé que, prácticamente, no hay día en el que no llores. No tengas miedo, llorar te hace más libre. No pienses que esas lágrimas se agotarán y te volverás una chica fría, dura y seca. Créeme, volverás a llorar muchas veces. Pero ese estado de tristeza perenne se disipará en la medida en que madures. Llora cuando quieras llorar, porque estarás en constante contacto con tu corazón.

Querida yo, nunca más desees morir. Alguien allá en lo alto decidirá cuándo es tu momento de partir. Tú, tranquila. Tú, yo del pasado, eres eterna. Soy yo quien vive en la incertidumbre del mañana. Pero nunca le tuviste miedo a la muerte, ¿no?

Querida yo del pasado, quiero decirte que sé que estás pasando por momentos muy duros. Sé que te ha tocado vivir pérdidas, descubrir diagnósticos, limpiar el suelo con tu autoestima, vivir un bloqueo de escritora y muchas cosas más. Sé que te sientes profundamente sola e incomprendida y que no te imaginas cómo saldrás de esa. Pero confía en mí cuando te digo que todo eso pasará y que en los momentos buenos (que te aseguro que vivirás), te darás cuenta que incluso en aflicción, Dios jamás te abandonó. Piensa, ¿serías capaz de seguir de pie con tanto peso encima? No, ¿verdad? Arrímate a Dios tanto como puedas, porque te revelaré que así es como saldrás de ese agujero.

Uh, cómo me hubiera gustado saber y poner en práctica todo esto antes.

Querida yo, del pasado y del presente, por favor, aprende a confiar en Dios.




sábado, 2 de enero de 2016

Despiertos

Tenía una mirada profunda del color del musgo. Un cabello brillante que albergaba luz. Un corazón sangrante. Una cicatriz viva en el rostro.

Lo conocí una tarde otoñal de abril. Sentado bajo un árbol, mirando el vacío, sintiéndose parte de él. Había ido en busca de algo. Pero no sabía qué.

-Eres tú.

Su voz era justo como lo había imaginado.

- Me llamo...
- No quiero saberlo.- me interrumpió-. Si aprendo tu nombre, te harás parte de mí, me dolerás y luego serás parte de la oscuridad.

Quedé en silencio.

- Realmente eres tú.- repitió.
- ¿Por qué... por qué me mandaste todas esas cartas?
- ¿Ya no te lo había explicado por escrito? Yo te he creado.

De nuevo, la incertidumbre.

- Sí, sí, eso ya me los dicho cientos de veces. ¿Pero qué significa?
- Significa justo lo que parece.
- Y eso es...
- Que eres una invención de mi mente.

Eso no me molestó, pero creí prudente fingir molestia.

- Eso es... insultante.
- No lo es, es la verdad.
- No estoy dispuesta a soportar comentarios desquiciados de un extraño que...
- Dime algún recuerdo que tengas de tu infancia, cuando tenías diez años.

Una aguja de hielo perforó mi corazón. Este chico... ¿sabrá lo de...? No, imposible.

- No puedo.
- ¿No? ¿Y por qué no?
- Me voy.

Me di vuelta, pero su voz me detuvo.

- No tienes ningún recuerdo anterior a los once años. Yo lo sé.
- ¿Has estado espiándome?
- No exactamente.
- No... ¿Exactamente? ¡No exactamente! ¿Quién eres?
- ¿Quién soy? Esa no es la pregunta que quieres hacerme. Lo que quieres saber, es quién eres tú.
- Sé perfectamente quién soy. Soy...
- No quiero saber tu nombre.

Me detuve, meditando las palabras que diría.

- A los once años tuve un accidente que borró mi memoria por completo. Podría crear nuevos recuerdos y seguir con mi vida, pero no podría recordar lo ya pasado.
- Eso te han dicho ¿eh?
- ¿Qué?
- Jamás existió tal accidente.
- ¿Qué sabes tú? Además, hablas como  un entendido, ¡y tienes la misma edad que yo!

No habló. Siguió mirando la punta de sus zapatos. Pero luego, alzó sus ojos y me miró fijamente.

- Tenía once años cuando te soñé por primera vez. Una niña de mi edad que, en mis sueños, crecería junto a mí. Pero luego, te hiciste realidad.
- ¿Sabes lo ridículo que suena?
- ¿Y tú sabes lo incomprendido que me siento?

Callé.

- Te soñé con once años, y a partir de los once años se formaría tu vida. Por eso no tienes familia ni recuerdos anteriores a esa edad-. prosiguió.

Miré sus ojos del color del musgo y su cicatriz palpitante.

- ¿Quién eres?
- Soy un chico que nació con la maldición de un extraño poder.
- Tus sueños se hacen realidad...
- Mis sueños escapan de lo onírico para asentarse en este mundo.
- Pero eso es genial.
- ¿Tú crees?¿Has soñado que se muere un familiar muy cercano? ¿Has soñado que te caes de un precipicio? ¿Has soñado que se te caen tus dientes, que te persigue un perro o que te olvidas de tu ropa al salir? 
- Pesadillas... 
- Pesadillas, sí. Todo lo que sueño ocurre, y al otro día vuelvo a la normalidad, pero me quedan las cicatrices...
- Tu cicatriz..
- ... en el corazón.- ni se inmutó-. Sin embargo, los sueños son efímeros. La única que permanece eres tú.

Cometí un error al sentirme satisfecha.

- ¿Soy tu único sueño bueno?
- Eres mi maldición.
- ¿Qué...?
- Tú, tú acabarás conmigo. Tú me matarás.
- Yo no podría...
- Anda, vamos, saca ese cuchillo...
- Yo no ando con ningún cu...

Me interrumpí. Un temor se apoderó de mi ser. Lentamente y con cuidado metí mi mano en el bolsillo del abrigo, hasta que mis dedos reconocieron el perfil del mango de un arma afilada. Comencé a temblar.

- No hay nada que puedas hacer. Está escrito en nuestro destino.

Una fuerza invisible comenzó a empujarme. Sin saber cómo, tenía el cuchillo empuñado.
Volví en mí ya consumado el hecho.

Muerto mi creador, mi destino ya no estaba supeditado a sus sueños.
Aquella tarde había acudido en busca de algo. La libertad.

(Final alternativo)