viernes, 5 de febrero de 2016

Diálogo

- Oye, te ves angustiada.
- ¿Por qué lo dices?
- Bah, no sé. Será quizá por tu mirada inquieta, por tus ojeras, por las arrugas que se forman en torno a tus ojos y en la comisura de tus labios.
- Estoy cansada.
- ¿Deportes? ¿Trabajo? ¿Estudio?
- Estoy cansada de vivir. La muerte me parece una hermosa opción. Pero soy muy valiente (o muy cobarde) como para matarme.
- ¿Por qué dices estar cansada?
- Siento que llevo luchando y luchando demasiado tiempo. Y que ya no vencí. Siento que he fracasado, que ya no hay opciones para mí. No hay vuelta atrás, estoy hundida.
- Quizá no has luchado de la manera correcta.
- No hay maneras correctas cuando de luchar se trata.
- En eso estás equivocada. El fin jamás podría justificar los medios.
- Estoy agotada. Estoy hastiada de llorar y de sentirme vacía. Estoy chata de sentirme incomprendida y sola e inútil.
- Pero, ¿cuál es tu lucha?
- Es difícil de explicar... es confuso... yo...
- ¿Cómo puedes luchar por algo que no tienes claro?
- ¡Sí lo tengo claro! Solo no sé cómo expresarlo. 
- Te ahogas en un vaso de agua...
- ¿Ves? Ni tú me entiendes...
- Claro, ¿cómo esperas que el resto te entienda si no te entiendes ni tú misma?

Paré. Realmente era duro hablar frente a un espejo.



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