miércoles, 16 de marzo de 2016

TTM, mi historia.

Nunca fui maltratada. Nunca sufrí daño psicológico. Jamás me autolesioné. Todo comenzó en mi niñez, en algún curso de Enseñanza Básica que no recuerdo.
Si el destino quería que yo fuese una tricotilomaníaca, no importa el cómo, cualquier cosa lo detonaría.

Como ya saben, soy chilena, y por lo menos acá en mi ciudad, existe una especie de juego supersticioso que consiste en sacarse una pestaña, colocarla entre el dedo pulgar y el índice, y hacer una pregunta en voz alta. Si la pestaña queda en el dedo de arriba la respuesta es sí.  Si queda abajo, es no.
Pues bien, yo no conocía ese estúpido juego. Pero mi compañera de puesto sí. Se llamaba Nicole, jamás podré olvidar su nombre. A veces la veo en la calle, tan feliz y sonriente, y me pregunto si será consciente de que ella fue la causa detonante de que la vida de una chica se volviera un desastre. Por supuesto que no.
Ella me dijo que lo intentara. Yo inocentemente me arranqué una pestaña. ¿Por qué habría de importarme? Total, mis pestañas eran largas, gruesas y abundantes. Sanas.

Sin embargo, desde aquel remoto día perdido en los calendarios, mi infierno comenzó.

Supongo que mis papás no lo notaron hasta el día en que mi cara se había transformado. Me había arrancado todas y cada una de las pestañas superiores.

Me retaron, obviamente, de manera muy fuerte. Me obligaron a no hacerlo nunca más, me amenazaron con pegarme si lo volvía a hacer, y se quedaron así de satisfechos, creyendo que lo había hecho porque tenía celos de mi hermano menor, con quien me llevo por dos escasos años.

Sin embargo lo volví a hacer. Una y otra vez. Era tan chica que no me importaba mucho si me veía fea o no. El sentimiento gigantesco de culpa que sentía era porque mis papás me retaban y amenazaban cada vez que me veían con los ojos pelados. Creo que este fue el error crucial.
Comencé de tan chica, que probablemente esto no hubiera pasado a mayores si mi familia hubiera reaccionado de otra manera. No se dieron cuenta de que es completamente anormal que una niña se arranque las pestañas; creyeron que era una jugarreta. Mis hermanas me acusaban, mis padres me retaban. Mi familia me apodó "ojos de pescado". Yo entretanto lloraba y maldecía mis dedos.

Mi mamá comenzó a desesperarse de tal forma, que en una reunión de padres y apoderados, habló con mi profesora jefe, quien habló conmigo con una voz, entre reto y compasión, que yo no podía soportar.

Me sentía humillada, fea (ahí comenzo todo), tonta.

Aunque hablaran mil adultos conmigo, yo seguiría igual. Y peor.

Antes de cambiarme de colegio, hubo una época en que había parado de hacerlo. Fue un período bello, en el que me creí sana y casi bonita, aunque mis pestañas jamás volvieron a ser las mismas.

Pero al cambiarme, enfrentada a decenas de personas que no conocía, a un lugar al que no estaba habituada, a un estrés que no había sentido jamás, sintiéndome de pronto horriblemente fea, mi problema volvió.

Debo decir que era peor en ese entonces: no me maquillaba los ojos porque era chica para hacerlo (aunque hay niñas de 11 que se arreglan más que yo) y además, creía que era el único ser anormal del mundo que tenía ese problema de sacarse las pestañas. Mi autoestima decayó tanto en 8vo Básico y 1ro Medio, que casi estuve en depresión, falté muchísimo a clases, se me irritaron los ojos y me sentía más fea que nunca.

Entre los 14 o 15 años comencé a pintarme los ojos de negro. No dejas de verte rara, pero se disimula bastante bien.

Sin embargo perdí muchas cosas aparte de mis pestañas: autoestima, habilidad y participación social, capacidad de mirar a los ojos al hablar, personalidad, felicidad o alegría y fe.

Aún recuerdo aquel día en que, harta de depender de la vaselina líquida por las noches, algo hizo click en mi cerebro y se me ocurrió buscar mi problema en internet. 
No puedo describir lo que sentí al enterarme de que eso tenía nombre. Tricotilomanía (TTM), trastorno del control de impulsos, asociado a los Trastornos Obsesivos Compulsivos (TOC). 

"La tricotilomanía es un tipo de trastorno de control impulsivo, cuyas causas no se comprenden con claridad.

Puede afectar hasta el 4% de la población. Las mujeres tienen una probabilidad cuatro veces mayor de resultar afectadas que los hombres."

Lloré como condenada, me sentí aliviada de no ser la única, pero al mismo tiempo sentí que había tocado fondo.

Se lo mostré a mi mamá, luego al resto de mi familia. Les hice ver que era algo incontrolable, sin cura. Ellos lo aceptaron, aunque no entendieron  al tiro todas las implicaciones del caso. Ya no me retaban, ya no se burlaban de mí, me compraban vaselina líquida y lápiz de ojos sin rechistar. También, dejaron de contárselo a medio mundo, porque vislumbraron la delicadeza que para mí tenía el tema.

Pero seguí cargando el infernal lastre sola.

Hay tanto que me gustaría decir... pero quiero acabar la historia para llegar al presente.

Quisiera describir el sentimiento de "trágame tierra" cuando algún imbécil inconsciente te pregunta en voz excesivamente alta: ¡¿Por qué no tienes pestañas?!

Quisiera poder encontrar las palabras adecuadas para que los sanos empaticen con nosotros, los trastornados. Que esto no es meramente "arrancarse pelitos". Que esto desencadena millares de cosas negativas y que está conectada a otro millar de pequeños infiernos.

Quisiera que la TTM no fuera algo tan desconocido. Que la gente sepa lo que es, para que no tengamos que andar ocultándonos como ladrones, para que no tengamos que repetir cada vez el mismo discurso.

Quisiera sanarme.

Soy muy joven. No es un secreto. Y creo que estoy presentando algunos otros problemas psicológicos. Reviso mi árbol genealógico y lloro. Unas cuantas primas con TOC, una abuela con depresión, un tío con bipolaridad.
Una familia tremendamente inteligente, culta, con un marcado temperamento melancólico.
En mi familia todos tenemos manías.
Yo heredé la peor parte, por lo que veo.
La depresión aumenta, la bipolaridad surge, el sentimiento de vacío me succiona cual agujero negro y la TTM sigue.

Solo Dios me ha mantenido con fuerzas y valor.

Ahora estoy en una nueva etapa. Una en la que el miedo persiste, pero yo me veo capaz de enfrentarlo. Que decaiga.

Estoy exigiendo hora al psicólogo. Estoy buscando páginas o redes sociales de ayuda. Estoy investigando. Estoy contando. Estoy escribiendo esto. Estoy luchando.

La TTM es una lucha silenciosa, y yo haré lo que esté en mis manos para ayudar a quien pueda y concientizar al ignorante.

Quizá no me cure nunca. Lo más probable. Doctores no pueden. Pero Dios sí. 
Y si no tengo fe, por lo menos puedo intentar controlarme.

Estoy en una etapa dura, sí. Veo todo oscuro, sí. ¿Estoy resignada? No lo sé. ¿Estoy triste? Sí. Mi familia recién ahora comprende lo grave que es esto. Están preocupados, mucho... Pero ya es algo tarde. 
Todo se ha roto a mi alrededor por culpa de esta enfermedad, pero aún no dejo que me gane. Aún presento combate. Y espero hacerlo hasta el final.



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