sábado, 14 de mayo de 2016

Memento Mori

Ha pasado un largo tiempo, tiempo que siento como una nube algodonosa. Tiempo de reflexión, de desahogos y de desesperanza. Quizá todo ha sido mi culpa y, realmente, no me duele ni me cuesta aceptarlo.
Mis antiguas entradas, las veo lejanas e intemporales. No soy yo quien las ha escrito (así lo siento ahora).
Di un gran paso al contar que tengo tricotilomanía, pero mi vida no gira en torno a eso.
Hoy quiero relatar algo que me ha pasado.

Quería morir. El suicidio jamás ha sido una opción y yo creo que los lectores continuos ya lo saben. Y, a diferencia de mi yo de doce años, tampoco le pedía a Dios que me llevara. Solo persistía el deseo, el asco por este mundo, el odio algo irracional hacia las personas, la indiferencia, el vacío, la soledad. No encontraba razones para vivir y como siempre, solo Dios me daba algunos instantes de consuelo. Comencé a vivir cada día como un reto, un tormento que sobrellevar. La gente se da cuenta que algo pasa, tu rostro se demuda, tu humor cambia y tus palabras son distintas, puesto que de la abundancia del corazón, habla la boca.
La muerte comenzaba a ser un tema recurrente en mi trastornada cabeza, hasta que...

Hace pocos días, partió antes de tiempo una niña de doce o trece años que conocía de lejos. Se encontraba jugando en unas barras cuando cayó desvanecida. La cosa es que su pequeño corazón no resistió los múltiples paros cardiorespiratorios y su vida se esfumó entre la sangre que le coronó la boca en sus últimos instantes de vida.
Fue una conmoción total. Nadie espera que una niña pequeña muera de la nada. Estaba en octavo básico. Demasiado pronto. Demasiado pronto.

Pensé en sus padres, que la mandaron al colegio por la mañana y la recibieron en la tarde en una caja. Pensé en las amigas que la vieron caer, en lo profesores que tendrán que omitir su nombre en las listas de asistencia, en su pololo, en sus conocidos.

Una niña que se veía tan alegre, que aparentemente tenía toda una vida por delante.
Primero vino el shock, la tristeza y la consecuente reflexión de lo efímera que es la vida.

Memento Mori. Recuerda que has de morir.

Y luego pensé en mí, llorando por los rincones. Me sentí tan egoísta, tan tonta y frívola, que la tristeza se me espantó de una y dio lugar a un vago sentimiento de estupor que perdura hasta hoy.

Debo comenzar a perseguir los momentos bellos para no caer en un oscuro abismo sin fondo. No nos adelantemos. Todos moriremos algún día y no conocemos las circunstancias de tal suceso. Seamos conscientes de nuestra calidad de finitos y mortales. Vivamos cada día como si fuera el último, no para jolgorios ni parrandas, sino con la mente limpia de preocupaciones sin sentido, con el corazón limpio de amarguras y de errores, con el alma conectada a Dios.

Es fuerte pensar que la muerte de alguien cambia la vida de otra, tan ajena. Pero los planes de Dios son misteriosos y perfectos.

Recuerda que has de morir, y vive.




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